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Archivo de la categoría: ♪ Curiosidades

El ave Fénix

El nombre egipcio del vocablo helénico Fénix es “Bennu” o “Belu”. Se lo considera heredero de Ra (deidad del Sol) y símbolo de Osiris. Su ciudad sagrada, donde se rendía culto de sus dones, era la egipcia Heliópolis.

La cualidad esencial de este ser era la de “crearse a sí mismo”, por ello representaba a Ra-Atum… La mitología egipcia indica que este gran pájaro viajaba de Arabia hasta su templo sagrado cada medio milenio, que es el promedio de años que cumplía desde su nacimiento hasta su deceso (otras versiones sostienen que perecía a los 7007 años). Su llegada y partida determinaba los ciclos del tiempo, por ello Heliópolis llegó a ser el centro de regulación y legislación del calendario.

Durante el período medieval se lo relacionó con el planeta Venus (de éste se decía que era “guía” del sol). La iconografía egipcia suele representar al Fénix con una corona llamada “atef”; su santuario fue bautizado con el nombre “Hut-Benben” (que significa “la casa del obelisco”).

El Fénix ha sido un símbolo recuperado por la astrología. Antiguos astrólogos lo han vinculado con la “revolución sideral” porque creían que la concepción de un nuevo Ave Fénix señalaba el inicio de una era novedosa para la humanidad. Durante el gobierno del emperador romano Claudio se capturó una de estas aves en Egipto, que fue llevada a Roma. Y se dio inicio a una nueva etapa en la Historia del Imperio.

El Ave Fénix, la Egiptología y el Eterno Retorno

De las culturas arcaicas, asentadas en las costas del Mar Mediterráneo, nos llegaron diversas versiones de la leyenda del Ave Fénix. Algunas variantes indican que resurge de sus cenizas cada milenio, otras señalan que lo hace cada quinientos años, pero todas coinciden en que se trata de un ave única en su especie, de belleza incomparable, que periódicamente muere envuelta en llamas. Es un símbolo de la “palingenesia” deseada por la Humanidad (la “palingenesia” alude a la doctrina del Eterno Retorno, defendida por los estoicos).

El tratadista alquímico Michael Maier describe esta criatura con cuello de cuello color púrpura, rodeado de un collar dorado, con su cabeza adornada con un penacho rutilante como el rubí, con alas blanquecinas en la parte delantera y rojizas por detrás.

Maier indica también que este animal migra a Tebas cada diez siglos para morir, feliz de terminar sus días con la esperanza segura de resucitar.

La mitología egipcia del siglo XIII a.C. manifiesta que, cuando el primer dios era Belu (la “garza púrpura”), su graznido dio inicio al Tiempo. El “Belu” (semejante al ave fénix) era considerado como la deidad responsable de rescatar al mundo del caos y la oscuridad.

Por otra parte, la mitología griega afirma que la hermosura del canto del Fénix fue capaz de hacer que Apolo, el dios Sol (Febo Apolo), detuviera su carroza para oírla… Pero al reiniciar su viaje, las chispas de las patas de sus caballos prendieron fuego al nido y el Fénix pereció en un incendio de perfume y apasionadas canciones. Después de tres días, un Fénix renovado resurgiría de sus escombros para retornar al Paraíso.

La muerte de Tutankamon

La historia

Zahi Hawass, responsable del Consejo Supremo de Antigüedades del Gobierno egipcio, dijo a Reuters que los resultados de un análisis de alta tecnología con rayos-x de la momia ayudaría a explicar una marca en el hueso del cráneo que ha desencadenado la teoría del asesinato.

“Este agujero en el cráneo, del que la gente habla tanto, tenemos que decir al público y a los expertos qué es este agujero exactamente y por tanto necesitamos tiempo”, dijo Hawass.

“Estamos terminando el examen y el anuncio se hará a principios de marzo”.

Aunque los tesoros y objetos de su tumba han recorrido el mundo, el cuerpo momificado del niño rey ha sido examinado sólo cuatro veces desde que el arqueólogo británico Howard Carter asombró a la comunidad arqueológica al encontrar la tumba de Tutankamón intacta en 1922.

En enero, el cuerpo momificado se sometió a su primera tomografía por ordenador, que utiliza un equipo de rayos-x especial para obtener imágenes desde diferentes ángulos del cuerpo.

El ataúd fue abierto por última vez en 1968, cuando rayos-x revelaron la muesca en el hueso de su cráneo que llevó a la teoría de que el faraón fue asesinado de un golpe en la cabeza. Entre los principales sospechosos se ha hablado de su alto sacerdote y de su comandante del Ejército.

Tutankamón gobernó durante un problemático y confuso período en la historia de Egipto, que empezó poco después de la muerte del faraón monoteísta Akenatón en el 1.362 a.C., quien podría haber sido su padre. Tutankamón murió cuando iba a alcanzar la edad adulta.

Hawass dijo que el equipo de expertos estaba formado actualmente por egipcios, incluyendo especialistas en patología y antropología, pero señaló que a finales de mes se unirían expertos de Italia y Suiza.

Perfectamente Imperfecta

Curiosidades historicas

Carlos II, «el Hechizado», Desde muy pequeño padeció de desarreglos intestinales que le duraron toda la vida, agravándose cuando su creciente prognatismo le dificultó cada vez más la masticación. Sufrió retardo motor y tuvo una enorme cabeza que se ha atribuido a una posible hidrocefalia. A los seis años tuvo el sarampión y la varicela a los ocho. A los diez años pasó la rubéola, y a los once sufrió la viruela. Alrededor de los treinta y siete años, sus desmayos son tan largos que duran a veces más de dos horas. A los treinta y dos años perdió el pelo. Cuando tenía treinta y ocho años comenzó a acusar hinchazones en los pies, luego en las piernas y más tarde en las manos, la cara y la lengua, dificultándole la palabra. Padecía congojas que terminaban en desmayos. Era un epiléptico, con grandes ataques hacia el final de su vida. Durante su última enfermedad, se acordó colocarle pichones recién muertos sobre la cabeza y entrañas calientes de cordero sobre el abdomen.

Perfectamente Imperfecta

La verdad sobre caperucita roja

En la última reunión del Comite Internacional en Defensa del Lobo Feroz (C.I.D.L.F.), el profesor Waltz Freedman terminó su alocución con estas estremecedoras palabras:
- ¿Fue el Lobo Feroz el culpable o lo fue Caperucita?

Efectivamente, la narración de Perrault se presta a muy diversas interpretaciones. No obstante, hay puntos de acuerdo que son indiscutibles y que pasamos a ennumerar:

  1. Caperucita sabía perfectamente que podía encontrarse con el Lobo Feroz.
  2. Caperucita no era ajena al hambre del Lobo.
  3. Si Caperucita hubiera ofrecido al Lobo la cesta de la merienda de su abuelita, muy probablemente no habría ocurrido lo que ocurrió.
  4. El Lobo no ataca inmediatamente a Caperucita sino que al contrario, conversa con ella.
  5. Es Caperucita quien da pistas al Lobo y le señala el camino de la casa de la abuelita.
  6. La abuelita es idiota al confundir a su nieta con el Lobo.
  7. Cuando Caperucita llega y el Lobo esta en la cama con la ropa de la abuelita, Caperucita no se alarma.
  8. El hecho de que Caperucita confunda al Lobo con la abuelita, demuestra que la niña iba poquísimo a verla.
  9. El Lobo, con esas preguntas tan tontas y directas, quiere alertar a Caperucita.
  10. Cuando el Lobo, que ya no sabe qué hacer, se come a Caperucita, es porque ya no le quedaba otra solución.
  11. Es posible que antes de ello, en el bosque o en la cama, Caperucita hiciera el amor con el Lobo.
  12. La versión del cuento por la que Caperucita, cuando oye la pregunta del Lobo: “¿A dónde vas, Caperucita?” responde “A lavarme el chichi en el arroyo” cobra cada día más fuerza.
  13. Es por tanto Caperucita (y no el Lobo Feroz) la que provoca los instintos naturales de la pobre fiera. Primero los sexuales y posteriormente los depredadores.
  14. También la madre de Caperucita tuvo gran parte de culpa al no acompañar a su hija.

Estos 14 puntos son, en principio, claros y concisos. Los que se empeñan en desprestigiar al Lobo Feroz no se han parado a pensar en la posible manipulación que se ha hecho de su figura, su actividad y su reacción ante una provocadora profesional como era la golfa de Caperucita.

Perfectamente Imperfecta

Albert Fish

Albert Hamilton Fish (19 de mayo de 187016 de enero de 1936). Fue un asesino en serie y caníbal estadounidense. Es también conocido como el “Hombre gris”, “El hombre lobo de Wysteria” y posiblemente como “El vampiro de Brooklyn”. Él afirmaba haber abusado sexualmente de más de 100 niños, y fue sospechoso de al menos 5 asesinatos. Fish confesó 3 homicidios que la policía fue capaz de investigar para encontrar al homicida y confesó haber acuchillado al menos a 2 personas más. Fue sometido a juicio por el asesinato de Grace Budd, fue condenado y ejecutado

Vida temprana

Nació con el nombre de Hamilton Fish en Washington D.C., hijo de Randall Fish (1795-1875). Según él, fue nombrado así a causa de Hamilton Fish, un familiar lejano. Su padre era 43 años mayor que su madre. Fish era el hijo más joven y tuvo tres hermanos vivos: Walter, Annie y Edward Fish. Él quiso llamarse “Albert” después de la muerte de un hermano, y escapar del sobrenombre ‘Ham and Eggs’ (‘Huevos con jamón’) que le fue aplicado en un orfanato en el cual transcurrió una buena parte de su infancia.

Muchos miembros de su familia padecieron enfermedades mentales, y alguno sufrió manía religiosa. Su padre fue capitán de un barco de río, pero para 1870 se desempeñaba como fabricante de fertilizantes. El viejo Fish murió de un infarto de miocardio en la estación Six Street del ferrocarril de Pensilvania en 1875 en Washington D.C. La madre de Fish lo envió a un orfanato. Ahí fue azotado y golpeado frecuentemente y, después de un tiempo, descubrió que disfrutaba del dolor físico. Los golpes le provocarían erecciones frecuentes por lo que los demás huérfanos lo molestaban. Para 1879, su madre consiguió un empleo en el gobierno y fue capaz de cuidarle. Sin embargo, las experiencias vividas anteriormente le afectaron. Comenzó a tener relaciones homosexuales en 1882, a la edad de 12 años con el hijo de un telegrafista. La juventud también llevó a Fish a prácticas como urofagia y coprofagia. Fish comenzó a visitar baños públicos en donde podría ver chicos desnudos, y gastar una buena parte del fin de semana en esas visitas.

Hacia 1890, Fish llegó a la ciudad de Nueva York. Decía que se había vuelto una prostituta masculina. También afirmó que comenzó a violar a muchachos jóvenes, un crimen que siguió cometiendo aún después de que su madre le arregló un matrimonio. En 1898, se casó con una mujer nueve años menor que él. Tuvieron seis hijos: Albert, Anna, Gertrude, Eugene, John y Henry Fish. Fue arrestado por malversación de fondos y sentenciado a prisión, purgando su delito en la cárcel estatal de Sing Sing en 1903,donde mantuvo relaciones sexuales con distintos hombres.

Durante 1898 trabajó como pintor de casas, y afirmó que cometió abuso sexual con al menos 100 niños, generalmente menores de 6 años de edad. Recordó un incidente en el cual un amante masculino lo llevó al museo de cera en donde Fish quedaría fascinado con la disección de un pene; poco después desarrollaría un interés mórbido por la castración. Durante una relación con un hombre retardado mental, Fish procuró castrarlo después de atarle. El hombre se asustó y huyó. Fish comenzó a intensificar sus visitas a burdeles en donde podía ser azotado y golpeado con mayor frecuencia.

En enero de 1917, su esposa lo abandonó por John Straube, un hombre hábil que abordó a la familia Fish. Seguido a este rechazo, Fish comenzó a escuchar voces; por ejemplo, en una ocasión se envolvió en una alfombra aduciendo que seguía las instrucciones de Juan el Apóstol.

 Primeros ataques e intentos de abducción

Fish cometió lo que pudo ser su primer ataque en la persona de un niño llamado Thomas Bedden en Wilmington (Delaware) en 1910. Tiempo después acuchilló a un muchacho con discapacidad mental hacia 1919 en Georgetown, Washington D.C.

El 11 de julio de 1924, Fish encontró a Beatrice Kiell, una niña de 8 años de edad, jugando sola en la granja de sus padres en Staten Island. Le ofreció dinero para que lo acompañara y le ayudase a buscar ruibarbo en las campos vecinos. La niña estaba a punto de abandonar la granja cuando su madre ahuyentó a Fish. Fish se alejó, pero regresó después al granero de la familia Kiell donde trató de dormir por la noche para ser descubierto antes por Hans Kiell quien le dijo que se fuera.

 Grace Budd

El 25 de mayo de 1928, Edward Budd colocó un anuncio clasificado en la edición dominical del diario New York World que decía: “Hombre joven,18 años, desea posicionarse en el país. Edward Budd, 406 West 15th Street”. El 28 de mayo de 1928 Fish, entonces con 58 años de edad, visitó a la familia Budd en Manhattan, Nueva York, bajo pretexto de contratar a Edward. Se presentó a sí mismo como Frank Howard, un granjero de Farmingdale, Nueva York. Al llegar, Fish conoció a la joven hermana de Budd: Grace, que contaba con 10 años de edad. Fish prometió contratar a Budd y le dijo que enviaría por él al cabo de algunos días. En su segunda visita accedió a contratar a Budd, entonces convenció a sus padres, Delia Flanagan y Albert Budd, de dejar que Grace le acompañase a una fiesta de cumpleaños aquella tarde en la casa de su hermana. Albert Budd era mozo de la Equitable Life Assurance Society. Grace tenía una hermana prostituta llamada Beatrice y dos hermanos: Albert Budd II y George Budd. Fish se alejó de ahí aquel día, con Grace, pero jamás regresó.

La policía arrestó a Charles Edward Pope el 5 de septiembre de 1930 como sospechoso del rapto. Pope tenía 66 años de edad y era superintendente de unos apartamentos y fue acusado por su alienada esposa. Charles pasó 108 días en prisión entre su arresto y juicio verificado el 22 de diciembre de 1930.

 La carta

Siete años después, en noviembre de 1934, una carta anónima fue enviada a los padres de la niña lo que condujo a la policía hacia Albert Fish. La carta se cita abajo, con errores gramaticales y faltas de ortografía de Fish (en inglés).

Dear Mrs. Budd. In 1894 a friend of mine shipped as a deck hand on the Steamer Tacoma, Capt. John Davis. They sailed from San Francisco for Hong Kong, China. On arriving there he and two others went ashore and got drunk. When they returned the boat was gone. At that time there was famine in China. Meat of any kind was from $1-3 per pound. So great was the suffering among the very poor that all children under 12 were sold for food in order to keep others from starving. A boy or girl under 14 was not safe in the street. You could go in any shop and ask for steak—chops—or stew meat. Part of the naked body of a boy or girl would be brought out and just what you wanted cut from it. A boy or girl’s behind which is the sweetest part of the body and sold as veal cutlet brought the highest price. John staid [sic] there so long he acquired a taste for human flesh. On his return to N.Y. he stole two boys, one 7 and one 11. Took them to his home stripped them naked tied them in a closet. Then burned everything they had on. Several times every day and night he spanked them — tortured them — to make their meat good and tender. First he killed the 11 year old boy, because he had the fattest ass and of course the most meat on it. Every part of his body was cooked and eaten except the head—bones and guts. He was roasted in the oven (all of his ass), boiled, broiled, fried and stewed. The little boy was next, went the same way. At that time, I was living at 409 E 100 St. near—right side. He told me so often how good human flesh was I made up my mind to taste it.On Sunday June the 3, 1928 I called on you at 406 W 15 St. Brought you pot cheese—strawberries. We had lunch. Grace sat in my lap and kissed me. I made up my mind to eat her. On the pretense of taking her to a party. You said yes she could go. I took her to an empty house in Westchester I had already picked out. When we got there, I told her to remain outside. She picked wildflowers. I went upstairs and stripped all my clothes off. I knew if I did not I would get her blood on them. When all was ready I went to the window and called her. Then I hid in a closet until she was in the room. When she saw me all naked she began to cry and tried to run down the stairs. I grabbed her and she said she would tell her mamma. First I stripped her naked. How she did kick — bite and scratch. I choked her to death, then cut her in small pieces so I could take my meat to my rooms. Cook and eat it. How sweet and tender her little ass was roasted in the oven. It took me 9 days to eat her entire body. I did not fuck her tho I could of had I wished. She died a virgin.[1]

traducción:

Estimada Señora Budd. En 1894 un amigo mío fue enviado como asistente de plataforma en el barco de vapor Tacoma, el Capitán John Davis. Viajaron de San Francisco a Hong Kong China. Al llegar ahí el y otros dos fueron a tierra y se embriagaron. Cuando regresaron el barco se había marchado. En aquel tiempo había hambruna en China. La carne de cualquier tipo costaba de 1-3 dólares por libra. Así tan grande era el sufrimiento entre lo más pobres que todos los niños menores de 12 años eran vendidos como alimentos en orden de mantener a los demás libres de morir de hambre. Un chico o chica menores de catorce años no estaban seguros en las calles. Usted podía entrar a cualquier tienda y pedir corte en filete o carne de estofado. La parte del cuerpo desnudo de un chico o chica sería sacada y lo que usted quisiera sería cortado de él. El trasero de un chico o chica la cual es la parte mas dulce del cuerpo era vendida como chuleta de ternera a un precio muy alto. John permaneció ahí durante mucho tiempo adquiriendo gusto por la carne humana. A su regreso a N.Y. robó a dos chicos uno de 7 y uno de 11 años de edad. Los llevó a su casa los despojó y desnudó y los ató a un armario. Entonces quemó todo lo que ellos portaban. Varias veces cada día y cada noche los azotó -los torturó – para hacer su carne buena y tierna. Primero mató al chico de 11 años de edad porque tenía el trasero más gordo y por supuesto una mayor cantidad de carne en él. Cada parte de su cuerpo fue cocinado y comido excepto la cabeza, huesos e intestinos. Fue asado en el horno (todo su trasero), hervido, asado, frito y estofado. El chico pequeño fue el siguiente, fue de la misma manera. En aquel tiempo, yo vivía en la calle 409 E 100 cercana a la derecha. El me decía frecuentemente cuan buena era la carne humana, que decidí probarla.

El domingo 3 de junio de 1928, yo le visité en el 406 W 15 de St. Brought usted puso queso -fresas. Almorzamos, Grace se sentó en mi regazo y me besó. Decidí comerla. Con el pretexto de llevarla a una fiesta. Usted dijo que sí, que ella podría ir. La llevé a una casa vacía en Westchester que yo ya había escogido. Cuando llegamos, le dije que se quedara afuera. Ella recogió flores, subí y me quite mis ropas. Yo sabía que no debía tener sangre en ellas. Cuando todo estuvo listo, me asomé a la ventana y la llamé. Entonces me oculté en un armario hasta que ella estuvo en la habitación. Cuando ella me vio completamente desnudo comenzó a llorar y a tratar de correr escaleras abajo. La atrapé y me dijo que se lo diría a su mamá. La desnudé. Pateó y me rasguñó. La estrangulé y entonces la corté en pequeños pedazos para poder llevarme la carne a mis habitaciones. La cociné y comí. Cuan dulce y tierno fue su trasero asado en el horno. Me llevó nueve días comer su cuerpo entero. No la violé como hubiera deseado. Murió virgen.

La Señora Budd era analfabeta y no podía leer la carta por ella misma, así que se la dio a su hijo para que la leyera. Fish después confesó a su abogado que realmente había violado a Grace. Fish era un mentiroso compulsivo, sin embargo esto pudo ser falso. Él dijo a la policía, cuando se le preguntó, que “nunca pasó por su cabeza” violar a la chica.

Captura

La carta fue entregada en un sobre que tenía un pequeño símbolo hexagonal con las siglas “N.Y.P.C.B.A.” que significa “Asociación Benevolente Privada de Chóferes de Nueva York”. Un portero de la compañía dijo a la policía que él había tomado algunos de un escritorio pero que los dejó en su habitación alqulada en la calle 200 East 52nd Street cuando se mudó. La propietaria de los apartamentos alquilados dijo que Fish se había alojado unos días antes. Dijo que el hijo de Fish le mandaba dinero y le había pedido que retuviera su siguiente cheque para él. William King, el director de investigación, esperó fuera de la habitación hasta que Fish regresó. Accedió a ir a comisaría para ser interrogado, pero en la puerta principal amenazó a King con una navaja en cada mano. King desarmó a Fish y lo llevó a la comisaría de policía. Fish no hizo el intento de negar el asesinato de Grace Budd, diciendo que él pretendía ir a la casa a asesinar a Edward Budd, hermano de Grace.

Detenciones previas

Fish se casó el 6 de febrero de 1930 en Waterloo, Nueva York con Estella Wilcox y se divorció una semana después. Fish había sido arrestado en mayo de 1930 por haber “enviado una carta obscena a una mujer afro-americana quien contestaba una anuncio solicitando una sirvienta”. Fue enviado al hospital psiquiátrico Bellevue en 1930 y 1931 para su observación, después de su arresto.

 Juicio y ejecución

El juicio de Albert Fish por el asesinato premeditado de Grace Budd comenzó el lunes 11 de marzo de 1935 en White Plains, New York, con Frederick P. Close como juez y como abogado fiscal de distrito Ellbert F. Gallagher. James Dempsey fue el abogado defensor de Fish. El juicio duró diez días. Fish alegó locura y clamó el haber escuchado voces de Dios ordenándole matar a los niños. Numerosos psiquiatras testificaron acerca de los fetichismos sexuales de Fish, incluyendo coprofagia, urofilia, pedofilia y masoquismo, pero existía desacuerdo en determinar cuál de ellos signaba la locura de Fish. El jefe experto de la defensa Fredric Wertham, un psiquiatra especializado en desarrollo infantil y que realizaba exámenes en las cortes criminales de Nueva York, afirmó que Fish era un demente. Otro testigo de defensa fue Mary Nicholas, hijastra de Fish, con 17 años de edad. Ella describió cómo Fish la instaba a ella y a sus hermanos a juegos que involucraban masoquismo y abuso sexual infantil.

El jurado lo encontró sano y culpable, y el juez ordenó su ejecución.

Después de ser sentenciado Fish confesó el asesinato de Francis X. McDonnell de 8 años de edad, muerto en Staten Island. Francis jugaba en el porche frente de su hogar cerca de Port Richmond, Staten Island, el 15 de julio de 1924. La madre de Francis vio a un “anciano” apretando y aflojando sus puños. Caminó sin decir nada. Después, durante el día, el anciano fue visto nuevamente, pero esta vez observaba a Francis y a sus amigos jugar. El cuerpo de Francis fue encontrado en los bosques cercanos en donde un vecino vio a Francis y al “anciano” dirigirse hacia allí aquella tarde. Había sido estrangulado con su ropa interior. Fish llegó en marzo de 1935 y fue ejecutado el 16 de enero de 1936 en la silla eléctrica en la correccional de Sing Sing. Entró a la cámara de ejecución a las 11:06 p. m. y fue declarado muerto tres minutos después. Fue sepultado en el cementerio de Sing Sing. Se tiene registro de que dijo que la electrocución sería “la experiencia suprema de mi vida”. Justo antes de que se accionara el interruptor afirmó: “No sé aún por qué estoy aquí” pero aun así la pesadilla se acabó para siempre.

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Fritz Haarmann

Fritz Haarmann

Friedrich “Fritz” Heindrich Karl Haarmann (Hannover, 25 de octubre de 1879 – id. 15 de abril de 1925). Famoso psicópata alemán, ejecutado a causa del asesinato probado de 27 adolescentes alemanes, si bien se le atribuyen más de 100 víctimas.

Fritz Haarman, conocido como El carnicero o como el Vampiro de Hannover, nació en dicha ciudad alemana. Provenía de una familia desestructurada: sus padres eran alcohólicos y protagonizaban escandalosos enfrentamientos que llegaban a la agresión física. La madre de Haarmann trataba a su hijo como si fuera una niña y le llegó a vestir con ropa femenina. Esto encolerizaba a su padre, que le golpeaba con saña cuando lo veía de esta forma. Este ambiente provocó que sus hermanas abandonaran pronto el hogar familiar. Se ha apuntado en algunas ocasiones que acabaron siendo prostitutas. Sus víctimas siempre fueron adolescentes varones por sus tendencias homosexuales.

 Historia criminal

Con 17 años, Haarmann fue fichado por la Policía por acosar a adolescentes. Sin embargo, no fue hasta 1919, cuando contaba con 40 años, cuando comete su primer crimen. Su víctima fue Friedel Rothe.

El modus operandi de este psicópata, considerado en vida como uno de los mayores asesinos en serie de la historia, era siempre el mismo. Acudía a la estación de autobuses de Hannover, donde había decenas de chicos esperando trabajo. Allí les engañaba prometiéndoles trabajo y comida.

Los llevaba, de uno en uno, a una buhardilla que tenía en el barrio de Neustrasse, a espaldas del río Leine. Allí, según su propia confesión, los violaba y, de un mordisco, les seccionaba la carótida y la tráquea. Todo este macabro ritual lo llevaba a cabo con su amante, Hans Grans.

Lo más truculento de la historia estriba en que, una vez muertos, deshuesaba a sus víctimas y vendía sus trozos de carne asegurando que eran de cerdo o de caballo (de ahí el apelativo de carnicero). Regalaba los huesos de sus víctimas asegurando que eran de caballo, si bien su tamaño y su blancura despertó las sospechas de los vecinos de Hannover. Fue por esto que acabó por arrojar los huesos al río Leine.

 Acción de la justicia

El 17 de mayo de 1924 unos niños localizaron una calavera en el río. Las autoridades ordenaron el dragado de éste y encontraron numerosos restos óseos.

El cerco se fue estrechando en torno al asesino y el 22 de junio de 1924 fue detenido. Haarmann confesó sus crímenes. Admitió haber matado y practicado canibalismo con unos cuarenta niños.

El 15 de abril de 1925 fue decapitado por orden del juez. El carnicero de Hannover no pidió clemencia aunque insistió en que un ser desconocido tomaba posesión de su cuerpo y le incitaba a matar, su última voluntad fue que se escribiera en su lapida: “aquí yace el exterminador”. Su compañero de tropelías, Hans Grans, fue condenado a cadena perpetua, pero se le conmutó por 12 años de cárcel.

Elizabeth Bathory

Isabel Báthory

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Condesa Isabel (Elísabeth o Elizabeth) Báthory de Ecsed (en húngaro: Batory Erzsébet) (Nyírbátor, Hungría; 7 de agosto de 1560 – Castillo de Čachtice, actual Trenčín, Eslovaquia, 21 de agosto de 1614), aristócrata húngara, perteneciente a una de las familias más poderosas de su país.

BiografíaHa pasado a la Historia por haber sido acusada y condenada de ser responsable de una serie de crímenes vinculados con la obsesión por la belleza que le han valido el sobrenombre de “La Condesa Sangrienta”. No obstante, algunos historiadores contemporáneos[1] consideran que estos crímenes pudieron ser invenciones de sus enemigos en un contexto político muy complejo para buscar su perdición y muerte, tal como ocurrió, pero se cree más la otra historia.

Erzsébet tiene el Record Guinness de la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad; pero en su caso fue por su propio orgullo y vanidad.

Elizabeth Báthory, la historiaIsabel (Elizabeth) Báthory de Ecsed nace en una de las familias más antiguas y adineradas de Transilvania (Erdély en húngaro). Su nombre ha sido traducido también por Elízabeth. Fue hija que nació de un matrimonio consanguíneo, su madre Anna Báthory de Somlyó, quien se casó en terceras nupcias con su primo Jorge Báthory de Ecsed. Isabel Báthory era sobrina por via materna de Esteban Báthory (1533-1586), Gran Príncipe de Transilvania y rey de Polonia entre 1575 y 1586. Entre sus familiares se encuentran personajes poderosos (un cardenal, varios Príncipes y su primo Segismundo Báthory que fue Gran Príncipe de Transilvania, mediante su matrimonio con la princesa María Cristina de Habsburgo). Pasó su infancia en el castillo de los Ecsed (actualmente conocido como castillo de Čachtice o Csejte, su nombre húngaro). Se dice que a los 4 ó 5 años de edad la pequeña Isabel sufrió de violentos ataques: puede que padeciera epilepsia o alguna otra enfermedad neurológica; en todo caso, remitieron cuando aún era pequeña.

Como era corriente en la época, a los once años fue prometida al Conde Ferenc Nádasdy de Nádasd y Fogarasföld, quien le doblaba la edad. Un año después, la enviaron a vivir en el castillo de los Nádasdy, para que fuera conociendo a su nueva familia. Nunca hizo buena amistad con su suegra, Úrsula, matriarca del clan; al parecer, la joven Báthory hacía valer el rango superior de su apellido con una frecuencia que la enojaba.

A diferencia de la mayoría de mujeres (y hombres) de su tiempo, Isabel había recibido una buena educación y su cultura sobrepasaba a la de la mayoría de los hombres de entonces. Era excepcional, “hablaba perfectamente el húngaro, el latín y el alemán, mientras que la mayoría de los nobles húngaros no sabían ni deletrear ni escribir [...] hasta el Príncipe de Transilvania era prácticamente analfabeto“.

Retrato de la Condesa.

A los quince años, en 1575, se casó con Ferenc, que entonces contaba 26 años de edad. La ceremonia tuvo lugar con gran lujo en el castillo de Varannó (su nombre eslovaco es Vranov nad Toplou); incluso se invitó al emperador Maximiliano II, que no pudo acudir. Fue Ferenc quien adoptó el apellido de soltera de su esposa, mucho más ilustre que el suyo. Se fueron a vivir al castillo de Čachtice, en compañía de su suegra Úrsula y otros miembros de la casa. El joven conde no pasaba mucho tiempo por allí: la mayor parte del tiempo estaba combatiendo en alguna de las muchas guerras de la zona (empalando a sus enemigos), lo que le mereció el apodo de “Caballero Negro de Hungría”. Existe registro epistolar de cómo Ferenc e Isabel intercambiaban información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes, esto era normal entre los nobles de la época. Las posesiones de esta pareja de nobles húngaros eran enormes, y se requería además un férreo control sobre la población local, de origen húngaro, rumano y eslovaco.

Ferenc e Isabel apenas se veían debido a las actividades guerreras del primero, así que no fue hasta 1585, diez años después de su matrimonio, que la condesa tuvo a su primera hija, Ana, y en los nueve años siguientes dio también a luz a Úrsula y Katrynna. Finalmente, en 1598, alumbró a su único hijo varón, Pablo.

En la gélida mañana del 4 de enero de 1604, el Caballero Negro de Hungría murió de súbita enfermedad durante una de sus batallas y dejó viuda a Isabel, que contaba con 44 años. Es aquí cuando comienzan sus supuestos crímenes. Para empezar, despidió a su muy odiada suegra del castillo, junto con el resto de la parentela Nádasdy; las muchachas a las que ésta protegía en esos momentos fueron llevadas a los sótanos y allí recibieron por fin los castigos que, en opinión de Isabel, se merecían.

Esto dejó a Erzsébet en una situación peculiar. Señora feudal de un importante condado de Transilvania, metida en todas las intrigas políticas de aquellos tiempos convulsos, pero sin ejército con que proteger su poderío. Por la misma época, su hermano Gabriel Báthory se convirtió en Príncipe de Transilvania, con el apoyo económico de la riquísima Erzsébet. Gábor se metió pronto en una guerra con los alemanes; por complejas razones políticas, esto la ponía en peligro de ser acusada de traición por el Rey Matías II de Hungría -quien probablemente ambicionaba sus extensos dominios-. Viuda como era, se vio más vulnerable y aislada que nunca.

Es por esta época que empiezan a escucharse rumores de que algo muy siniestro ocurre en el castillo de Čachtice. A través de un pastor protestante local, llegan historias de que la condesa practica la brujería (explícitamente, la magia roja) y para ello utiliza la sangre de muchachas jóvenes -una típica acusación muy popular en la época, similar a las que se realizaban contra los judíos y disidentes-. Es curioso observar el paralelismo con Juana de Arco, acusada igualmente de brujería cuando su poder político se consideró peligroso para el sistema establecido. Matías ordena a un primo de Isabel enemistado con ella, el conde Jorge Thurzó, que tome el lugar con sus soldados y realice una investigación. Dado que la señora de Báthory carecía de fuerza militar propia, no hubo resistencia.

Según la investigación del conde Thurzó, hallaron en el castillo numerosas muchachas torturadas en distintos estados de desangrado, y un montón de cadáveres por los alrededores. En 1612 se inició un juicio en Bitcse (Bytča en eslovaco). Erzsébet se negó a declararse inocente o culpable, y no compareció, acogiéndose a sus derechos nobiliarios. Quienes sí lo hicieron, por la fuerza, fueron sus colaboradores. Juan Ujváry, el mayordomo, testificó que en su presencia se habían asesinado como mínimo a 37 “mujeres solteras” de entre once y veintiséis años; a seis de ellas las había reclutado él personalmente para trabajar en el castillo. La acusación se concentró en los asesinatos de jóvenes nobles, pues los de las siervas carecían de importancia. En la sentencia todos fueron declarados culpables, unos de brujería, otros de asesinato y los demás de cooperación.

Todos los seguidores de Isabel, excepto las brujas, fueron decapitados y sus cadáveres quemados; éste fue el destino de su colaborador Ficzkó. A las brujas Dorotea, Helena y Piroska les arrancaron los dedos con tenazas al rojo vivo “por haberlos empapado en sangre de cristianos” y las quemaron vivas. Erzsi Majorova, una burguesa de la zona acusada de cooperación, también fue ejecutada. , Katryna que con catorce años era la más joven de las ayudantes de Erzsébet, salvó la vida por petición expresa de una superviviente, aunque recibió cien latigazos en el cuerpo.

Pero la ley impedía que Isabel, una noble, fuese procesada. Fue encerrada en su castillo. Tras introducirla en su mazmorra, los albañiles sellaron puertas y ventanas, dejando tan sólo un pequeño orificio para pasar la comida. Finalmente el rey Matías II pidió su cabeza por las jóvenes aristócratas que supuestamente habían muerto a sus manos, pero su primo el Gran Príncipe de Transilvania le convenció para que retrasara el cumplimiento de la sentencia de por vida. Así es que la condenaron a cadena perpetua en confinamiento solitario. Esta pena implicaba también la confiscación de todas sus propiedades, lo que Matías venía ambicionando desde tiempo atrás.

El 31 de julio de 1614 Erzsébet, de 54 años, dictó testamento y últimas voluntades a dos sacerdotes de la catedral del arzobispado de Esztergom. Ordenó que lo que quedaba de las posesiones familiares fuese dividido entre sus hijos.

El 21 de agosto de 1614, uno de los carceleros la vio caída en el suelo, boca abajo. La Condesa Isabel Báthory estaba muerta después de haber pasado cuatro largos años emparedada, sin ni siquiera ver la luz del sol. Pretendieron enterrarla en la iglesia de Čachtice, pero los habitantes locales decidieron que era una aberración que la “Señora Infame” fuera enterrada en el pueblo, y además en tierra sagrada. Finalmente, y como era “uno de los últimos descendientes de la línea Ecsed de la familia Báthory” la llevaron a enterrar al pueblo de Ecsed, en el noreste de Hungría, el lugar de procedencia de la poderosa familia. Todos sus documentos fueron sellados durante más de un siglo, y se prohibió hablar de ella en todo el país.

Dos años después, las hijas y el hijo de Isabel fueron finalmente acusados de traición por el apoyo de su madre a la guerra contra los alemanes; Anna Báthory, una prima de la condesa, llegó a sufrir tortura por este motivo en 1618, cuando contaba 24 años, pero sobrevivió. Finalmente la mayor parte de la familia Báthory-Nádasdy huyó a Polonia; algunos retornaron después de 1640. Un nieto sería ejecutado en 1671 por oponerse al Emperador Alemán.

Los Archivos Nacionales de Hungría conservan abundante documentación sobre ella, particularmente cartas personales y actas del juicio. Sin embargo, sus míticos diarios, al igual que su retrato original, se hallan en paradero desconocido.

Elizabeth Báthory, la leyenda

Imagen de las ruínas del Castillo de Čachtice al anochecer, lugar en donde Erzsébet Báthory supuestamente cometió sus crímenes, permaneció presa y falleció.

Según la leyenda, Erzsébet Báthory fue una cruel asesina en serie obsesionada por la belleza, que utilizaba la sangre de sus jóvenes sirvientas y pupilas para mantenerse joven en una época en que una mujer de 44 años se acercaba peligrosamente a la ancianidad. La leyenda cuenta que Erzsébet vio a su paso por un pueblo a una anciana decrépita y se burló de ella. La anciana ante su burla la maldijo diciéndole que ella también estaría como una vieja en poco tiempo.

Según el testimonio del conde Jorge Thurzó (primo y enemigo de Erzsébet, nombrado investigador general por el Rey) cuando su hueste llegó al castillo el 30 de diciembre de 1610 no halló oposición, ni a nadie para recibirles. Lo primero que vieron fue a una sirviente en el cepo del patio, en estado agónico debido a una paliza que le había fracturado todos los huesos de la cadera. Esto era práctica corriente y no les llamó la atención, pero al acceder al interior se encontraron a una chica desangrada en el salón, y otra que aún estaba viva aunque le habían agujereado el cuerpo. En la mazmorra encontraron a una docena que todavía respiraba, algunas de las cuales habían sido perforadas y cortadas en varias ocasiones a lo largo de las últimas semanas. De debajo del castillo exhumaron los cuerpos de 50 muchachas más. Y el diario de Erzsébet contaba día por día sus víctimas, con todo lujo de detalles, hasta sumar un total de 612 jóvenes torturadas y asesinadas. Por todas partes había toneles de ceniza y serrín, usados para recoger la sangre que se vertía tan pródigamente en aquel lugar. Debido a esto, todo el castillo estaba cubierto de manchas oscuras y despedía un tenue olor a putrefacción. Se decía que mientras su esposo estaba fuera, ella mantenía relaciones sexuales con sirvientes de ambos sexos, y se rumoraba que cuando tenía sexo con chicas no era raro que las mordiese salvajemente.

Todo empezó en 1604, poco después de la muerte de su marido. Una de sus sirvientas adolescentes le dio un involuntario tirón de pelos mientras la estaba peinando. Al principio tuvo mucha suerte: la condesa reaccionó reventándole la nariz de un fuerte bofetón (cuando lo normal entre la nobleza de la época habría sido sacarla al patio para recibir cien bastonazos). Pero cuando la sangre salpicó la piel de Erzsébet, a ésta le pareció que allá donde había caído desaparecían las arrugas y su piel recuperaba la lozanía juvenil. La condesa, fascinada pensó que había encontrado la solución a la vejez, y siempre podría conservarse bella y joven. Todas las leyendas sobre canibalismo aseguran igualmente que la sangre humana prolonga la juventud. Tras consultar a sus brujas y alquimistas, y con la ayuda del mayordomo Thorko y la corpulenta Dorottya, desnudaron a la muchacha, le hicieron un profundo corte en el cuello y llenaron un barreño con su sangre. Erzsébet se bañó en la sangre, o al menos se embadurnó con ella todo el cuerpo, y probablemente la bebió, para recuperar la juventud.

Entre 1604 y 1610, los agentes de Erzsébet se dedicaron a proveerla de jóvenes entre 9 y 26 años para sus rituales sangrientos. En un intento de mantener las apariencias, habría convencido al pastor protestante local para que sus víctimas tuviesen entierros cristianos respetables. Cuando la cifra comenzó a subir, éste comenzó a manifestar sus dudas: morían demasiadas chicas por “causas misteriosas y desconocidas”. Así es que ella le amenazó para que callase y comenzó a enterrar en secreto los cuerpos desangrados. Ésta es, al menos, la versión de este pastor, que fue quien la denunció “oficialmente” al Rey Mátyás a través de la curia clerical.

Más adelante, en la época en la que los errores de Gábor la pusieron en una situación política delicadísima, tomó la costumbre de quemar los genitales a algunas sirvientas con velas, carbones y hierros por pura diversión. También generalizó su práctica de beber la sangre directamente mediante mordiscos en las mejillas, los hombros o los pechos. Para estas cuestiones privadas se apoyaba en la fuerza física de Dorottya Szentes, que aunque ya mayor, seguía siendo muy capaz de inmovilizar a cualquier joven en la posición requerida. Esto ocurrió mientras estuvo en Viena.

En 1609 Erzsébet, por la falta de sirvientas en la zona como consecuencia de tantos crímenes, cometió el error que acabaría con ella: utilizando sus contactos, comenzó a tomar a niñas y adolescentes de buena familia para educarlas. Algunas de ellas comenzaron a morirse pronto por las mismas “causas misteriosas y desconocidas”. Esto no era raro en aquella época, con sus elevadísimas tasas de mortalidad infantil y juvenil, pero en el “internado” de Čachtice el número de fallecimientos era demasiado alto. Ahora las víctimas eran hijas de la aristocracia menor, por lo que sus muertes eran consideradas importantes. La bruja Darvulia le habría prevenido que nunca tomara nobles, pero esta anciana había fallecido algún tiempo atrás. Fue su amiga Erszi Majorova, viuda de un rico granjero que vivía en la cercana localidad de Milova, quien convenció a la condesa de que no pasaría nada.

Hacia el final, muchos cuerpos se ocultaron en lugares peligrosamente insensatos, como campos cercanos, silos de grano, el río que corría bajo el castillo, el jardín de verduras de la cocina… Finalmente, una de las víctimas logró escapar antes de que la matasen e informó a las autoridades religiosas. Esto era algo que había ocurrido varias veces en el pasado, con sirvientas; por ejemplo, en el otoño de 1609…

“…una joven de doce años llamada Pola logró escapar del castillo de algún modo y buscó ayuda en una villa cercana. Pero Dorka y Helena Jo se enteraron de dónde estaba por los alguaciles, y tomándola por sorpresa en el ayuntamiento, se la llevaron de vuelta al Castillo de Cachtice por la fuerza, escondida en un carro de harina. Vestida sólo con una larga túnica blanca, la condesa Erzsébet le dio la bienvenida de vuelta al hogar con amabilidad, pero llamaradas de furia salían de sus ojos; la pobre ni se imaginaba lo que le esperaba. Con la ayuda de Piroska, Ficzko y Helena Jo, arrancó las ropas de la doceañera y la metieron en una especie de jaula. Esta particular jaula estaba construida como una esfera, demasiado estrecha para sentarse y demasiado baja para estar de pie. Por su [cara] interior, estaba forrada de cuchillas del tamaño de un dedo pulgar. Una vez la muchacha estuvo en el interior, levantaron bruscamente la jaula con la ayuda de una polea. Pola intentó evitar cortarse con las cuchillas, pero Ficzko manipulaba las cuerdas de tal modo que la jaula se balancease de lado a lado, mientras que desde abajo Piroska la punzaba con un largo pincho para que se retorciera de dolor. Un testigo afirmó que Piroska y Ficzko se dieron al trato carnal durante la noche, acostados sobre las cuerdas, para obtener un malsano placer del tormento que con cada movimiento padecía la desdichada. El tormento terminó al día siguiente, cuando las carnes de Pola estuvieron despedazadas por el suelo”.

Esta descripción tiene su parecido con otro artilugio de tortura utilizado por Báthory, llamado Doncella de hierro, la cual era una especie de sarcófago que reflejaba la silueta de una mujer y que por dentro tenía afilados pinchos. Este artilugio se abría para introducir a la víctima y luego encerrarla para que los pinchos se le incrustaran en su cuerpo.

Es imposible saber, hoy en día, qué sucedió realmente. Desde el punto de vista psiquiátrico, Erzsébet Báthory sería una anomalía que se sale del patrón común a todos los asesinos en serie conocidos. En la época era común castigar cruelmente a siervos y pupilos, y ejecutar incluso a pequeños delincuentes de las maneras más espantosas. Puede que Erzsébet fuera inocente, y sólo se comportara como una noble más de su época. Quizás fuera sádica, y en consecuencia se aplicara especialmente a la hora de imponer disciplina, o incluso obligara a sus sirvientas a tomar parte en prácticas sadomasoquistas más o menos extremas; de nuevo, ninguna novedad para la nobleza de su tiempo, cuya impunidad y poder legal les permitía tratar a la servidumbre como quisieran. O quizás fue realmente una torturadora y asesina en serie amparada en su status, que sólo se perdió cuando por falta de nuevas víctimas entre la plebe recurrió a las hijas de la nobleza menor que formaba.

 

 

Perfectamente Imperfecta

Giles de Rais

Gilles de Montmorency-Laval, baron de Rais, llamado Gilles de Rais (o Gilles de Retz) (10 de septiembre de 1404 – 26 de octubre de 1440), fue un noble y asesino en serie francés del siglo XV que luchó en los años finales de la Guerra de los Cien Años junto a Juana de Arco, a la que siguió y en la que creyó siempre

Biografía

Consiguió convertirse en mariscal tras su participación en la Guerra de los 100 años y amasó una gran fortuna. Pero, su buena fama en los pueblos franceses se vio truncada cuando se descubrió las atrocidades que había cometido con centenares de niños y niñas en una corte formada por brujos, alquimistas, videntes y adoradores del Diablo. Se dice que podía poseer una mentalidad psicopática – originada en su infancia – y que podía haber sufrido una gravísima esquizofrenia.

Junto con Erzsébet Báthory – la aristócrata húngara conocida cómo la condesa sangrienta – es considerado como uno de esos aristócratas que utilizó su gran fortuna para dar rienda suelta a sus fechorías. Este hombre impulsivo, cuyos crímenes contradecían su exacerbada fe y creencia cristiana, que seguía esa frase de San Agustín: Felix culpa! – traducido cómo ¡Dichosa culpa! – y que tuvo un anhelado deseo del perdón de Dios inspiró a Charles Perrault a la hora de explicar la historia de Barba Azul.

Georges Bataille lo calificó como un niño con poder, de poseer una monstruosidad esencialmente infantil y tener un carácter arcaico. En sus juicios, de Rais dijo que actuó según la naturaleza impuesta por los astros y que no pudo controlarlo. 

Infancia y juventud

El primer hijo de uno de los grandes linajes de Francia, Guy II de Laval y Marie de Craon, nació en la torre negra del castillo de Champtocé, bañado por el río Loira en la región de Bretaña. Durante su infancia estuvo muy unido a su hermano pequeño, René de Susset (1407 – † …), con quién fue encomendado a varios tutores eclesiásticos y nodrizas, quienes abandonaron su puesto debido a la mente sádica y cruel de Gilles.

Un hecho que marcó a Gilles fue la muerte de su padre durante una sesión de caza. Guy II de Laval, después de herir a un verraco, fue embestido por éste en un último intento de venganza y le incrustó los cuernos en el estómago. Gilles, que tenía 9 años, visionó la escena y vio agonizar a su padre y cómo sus vísceras se esparcían por su lecho. Más adelante, Gilles reconstruyó esta escena con sus víctimas y se quedaba ensimismado con el espectáculo de sangre y entrañas que tenía delante de sí.

La viuda Marie de Craon murió poco después y Gilles y su hermano quedaron bajo la tutela de su abuelo materno: Jean de Craon, un hombre que enseñó a sus nietos el narcisismo, la soberbia, el poder, el orgullo con los que Gilles fue desarrollando su personalidad. De Rais, que veía como su abuelo prestaba más atención a su nieto pequeño, se refugió en la biblioteca. Allí encontró un libro muy especial para él: Las vidas de los doce césares de Suetonio. Sus páginas le mostraron cómo los césares, hombres poderosos donde los hubiera, hacían lo que querían sin dar explicaciones posteriores a nadie – sus emperadores favoritos fueron los desequilibrados Nerón, Tiberio y Calígula, la vida de los cuales influyeron en su vida adulta – y según dijo en sus juicios, De Rais no tuvo ningún gobierno de su abuelo e hizo siempre lo que quiso moviéndose por impulsos violentos la mayoría de veces.

Con 14 años su abuelo le regaló una armadura milanesa y fue proclamado caballero. Manejó la espada, pronto se aburrió de practicar sólo con peleles – muñecos construidos para la práctica – e inició a relucir su agresividad hacia todo ser viviente que hubiera cercano a él. Primero fueron animales, pero luego fueron personas. Un caso fue el de su amigo de la infancia y compañero Antoin: después de proponerle un duelo con machetes, a Gilles se le fue de las manos y le clavó el suyo en el cuello. En vez de ayudarle en salvarle la vida, Gilles observó como su amigo se desangraba y disfrutó con la escena. Tenía 15 años y fue su primer asesinato. Debido a su condición de noble y la intermediación de su abuelo, De Rais quedó sin condena y la familia – de origen humilde – de Antoin aceptó la indemnización que se les ofreció. Otros delitos que se conocen son alguna que otra perversión sexual que, claro, quedaron sin castigo.

Su abuelo De Craon – hombre sin escrúpulos – sólo quería engrandecer su fortuna y poder de forma calculadora, a diferencia de Gilles – hombre también carente de escrúpulos – que se dejaba llevar por sus impulsos violentos, pero que era un inútil en política. Un hecho describe la personalidad de abuelo y nieto: cuando intentaron extorsionar a una familia raptando a una gran dama; sus tres hermanos quisieron rescatarla y fueron encarcelados también por Craon, de forma que uno de ellos murió de hambre.

Declive y crímenes

Su negra barba de azulados reflejos hizo que se le llamara Barba Azul. Era culto, aunque no reflexivo, ávido de riquezas pero más despilfarrador. Desde este momento se entrega a los más locos dispendios para satisfacer sus más caros caprichos. No se recuerda príncipe o rey que hubiese llevado un lujo semejante. Este hombre tenía pasión por todas las artes, especialmente por la música. Se exacerbaba con los cantos gregorianos llegando al éxtasis. Si oía decir que se había escuchado una hermosa voz, no descansaba hasta conseguir llevar a su servicio a quien la poseía, por muy lejos que estuviera, como los cantores contratados en Poitiers, André Buchet, de Vannes y Jean de Rossingol, de La Rochelle, a quienes pervirtió haciéndoles partícipes de sus orgías y crímenes. Poseía muchos órganos de toda clase. El sonido de este instrumento le producía tal enajenación, que se los hizo construir portátiles para que le acompañaran en sus menores traslados. Consiguió en su exaltación religiosa ser nombrado canónigo de Saint-Hilaire-de-Poitiers y se rodeó de una comitiva de 50 eclesiásticos junto con 200 soldados de caballería cuya sede se encontraba en la capilla de los Saints-Innocents, en Machecoul.

Por otra parte, todo el que acudía a él participaba de su generosidad; el extranjero era bien recibido, cualquiera que fuese su condición, a cualquier hora del día o de la noche; tenía hospitalaria mesa, y era raro que abandonase esa mansión sin salir colmado de dones en especies o en metálico. Gastaba dinero en ostentación para recuperar el prestigio perdido. Realizaba grandes banquetes. Gastó la mayoría de su fortuna en obras teatrales que recordaban sus campañas con Juana y en fiestas para sus extraños amigos y consejeros. Especialmente significativa fue la representación de la batalla del Orleans en mayo de 1435. Esta representación teatral contaba con más de 150 actores, trajes lujosamente detallados, infantería dispuesta con auténticas armaduras y cuadros que simulaban multitudes. La entrada a este espectáculo era gratuita e incluso agasajaba a los asistentes con comida y vinos. La representación costó unas 80.000 coronas de la época. Gracias a la representación de la batalla de Orleans Gilles rememoró sus días de gloria. Además mandó a construir autómatas sobre distintos tipos de pájaros, algo que le hizo menguar su fortuna pero que levantó gran expectación entre las personas que le frecuentaban.

 

Para procurar el dinero, que le había llegado a ser cada vez más necesario, tuvo que apelar a numerosos recursos y ruinosos contratos. Aposentadores, burgueses y mercaderes son puestos a contribución, y le adelantan a un interés usurario las sumas que, por una generosidad imperiosa, se funden entre los dedos y se hunden en un abismo sin fondo. En 1437 vendió Ingrandes y Champtocé a Juan V de Bretaña por escasos 100.000 escudos. Gilles se aproxima al momento en que se anuncia, amenazadora, la ruina inevitable. Sus cofres están vacíos; su crédito, agotado; los que le rodean en las horas dichosas, presintiendo el desastre, se alejan de él. Ante esta situación se vuelve hacia el esoterismo buscando en la alquimia el modo de fabricar el oro que le falta (se interesó por el secreto de la Piedra filosofal). Se rodeó de una corte grotesca de brujas, nigromantes, alquimistas, entre los que se encontraban Guillaume de Sillé, Roger de Brinqueville, Antonio de Palerno, Heriet, Poitou, Corrillaut, … Finalmente, cae en manos de un embaucador florentino llamado Prelati quien le asegura que llenará sus arcas gracias a la magia negra.

El mariscal visita con frecuencia a su cómplice, se informa con ansiedad del resultado de las investigaciones. Prelati asegura a su señor que, en una de sus invocaciones, ha visto cerca de él al demonio, pero que esta aparición fantástica se desvaneció sin que hubiera podido pronunciar palabra alguna. El crédulo mariscal tenía un pánico atroz al diablo aunque nunca lo veía, hizo caso de Prelatti, con quien tenía una relación homosexual, y mandó que se redoblasen los ensalmos y los conjuros. En otras ocasiones Prelatti salía herido después de una de sus invocaciones, que siempre se relizaban en un cuarto escondido, causando en Gilles más pánico. Sillé fue el proveedor de todos los elementos para las invocaciones en Tiffauges y el padre Eustache Blanchet el de contratar a los invocadores como Prelatti o La Riviére (el cual vio al demonio en una invocación en un bosque en forma de leopardo, ante la credulidad de Gilles) o alquimistas como Jean Petit, el cual realizó varios hornos para trabajar con mercurio. Sin embargo los hornos creados deben ser destruidos ya que el futuro Luis XI, el delfín, visita a Gilles por una orden del rey Carlos V que condenaba la alquimia como herejía. Es imposible que el mariscal salga bien de sus empresas -ha dicho uno de los familiares de Gilles de Rais- si no ofrece al demonio la sangre y los miembros de niños llevados a la muerte. Porque su lectura habitual la constituyen los más ardientes poemas de Ovidio y el relato que hace Suetonio de los criminales sacrificios que exige el rey del Infierno. ¿Qué le importa el sacrificio de vidas humanas si adquiere a ese precio el poderío que codicia? A esto se unía además de su voluntad de matar a niños para su disfrute y placer personal.

En su afán por procurarse víctimas para sus sacrificios, servidores de Gilles de Rais como Henriet y Poitou recorrían los pueblos y las aldeas buscando niños y adolescentes prometiéndoles que les harían pajes en los castillos del señor de Rais. Siempre en lugares lejanos; incluso en algunas el propio Gilles con amabilidad acudía a casas de los plebeyos para asegurar a los parientes de los niños un prometedor futuro. De las víctimas los padres no tenían más noticias y si preguntaban les respondían que estaban bien. Pronto la gente se alarmó, y de Rais recurrió a los raptos. Entre 1432 y 1440 se llegaron a contabilizar hasta 1.000 desapariciones de niños de entre 8 y 10 años en Bretaña. Pero la gran locura llegaba por la noche cuando él y sus esbirros se dedicaban a torturar, vejar, humillar y asesinar a niños previamente secuestrados. Después de cada sangrienta noche Gilles salía al amanecer y recorría las calles solitario, como arrepintiéndose de lo hecho, mientras sus secuaces quemaban los cuerpos inertes de las víctimas. El temor se apoderó de los habitantes de los pueblos. Los criados tuvieron que ampliar su campo de acción con lo que el pavor se extendía más y más. Hasta que las murmuraciones se convirtieron en gritos que llegaron a las más altas autoridades.

Llegó a utilizar varias de sus posesiones (no sólo el castillo de Tiffauges) para cometer sus fechorías, como el castillo de Machecoul, el de Champtocé y la casa de la Suze.

Una vez se aprovechó de unos niños que eran mendigos y que fueron a pedir limosna inocentemente a su castillo. Gilles los violó y desmembró. A algunos los violó ya muertos y con las entrañas al aire. Una vez muertos los abrazaba fuertemente y deliraba; en otras ocasiones se reía ante los últimos estertores del niño y muchas veces cortaba la vena yugular haciendo brotar la sangre, causándole gran placer.

En algunas ocasiones cuando asesinaba a una de sus víctimas se arrepentía y juraba partir hacia Tierra Santa para redimir sus pecados, pero al poco tiempo volvía a cometer las mismas atrocidades.

Durante los ocho años de terror, Gilles parecía no vivir en un mundo real, rodeado de gran fastuosidad y como si no se diera cuenta de las brutales acciones que llevaba a cabo. Según contó en el juicio que se le hizo, junto con su grotesca corte, cortaban las cabezas de varios niños recién muertos y hacían competiciones para elegir los rostros más bellos. Las cabezas eran ensartadas en picas y las iban calificando. Se llegó a contar que estas calificaciones las firmaba el mismo diablo, que un brujo llamado Rivière podía invocar al diablo, o a uno llamado Barrón, al cual le ofrecían sacrificios como los órganos, ojos, corazones, etc., de las víctimas; todo esto bajo orgías sexuales y etílicas.

En continuadas ocasiones el hermano de Gilles, René, intentó salvar el patrimonio familiar que Gilles estaba vendiendo, incluso con la ayuda del rey crearon una ley por la cual no podían vender más posesiones. René logró comprar el castillo de Machecoul, y vio que en este lugar se encontraban los esqueletos de más de 50 niños. Quiso silenciar lo que vio para evitar posibles malentendidos contra él.

Investigación, captura y ejecución

Pero llegó el momento de que todo esto acabara, y ese momento fue cuando el obispo de Nantes, Jean de Malestroit, investigó las desapariciones de Bretaña y vio que no eran casuales. Malestroit descubrió los crímenes gracias al hecho de que en plena depresión Gilles vendió uno de sus últimos castillos, el de Saint-Etienne-de-Memorte al tesorero de Juan V, Geoffroy de Farron; se enteró Gilles de que un primo suyo, señor de Villecigne, quería comprar el castillo y creyó que Le Farron no aceptó la anulación. Este dejó a su hermano Jean, hombre eclesiástico, al frente del castillo; Gilles en otro de sus impulsos atacó a la iglesia donde Jean celebraba misa y secuestró a este encerrándolo en Tiffauges. El ataque fue conocido por el duque de Bretaña y por el propio Malestroit. Juan V mandó a su hermano el condestable del rey a rescatar a Jean Le Farron mientras él intentaría la paz con Gilles. Al final Gilles de Rais fue capturado el 15 de septiembre de 1440 cuando se presentó a las puertas del castillo de Machecoul, donde estaba entonces Gilles de Rais, un grupo armado al mando del capitán Jean Labbé, que iba acompañado por el notario Robin Guillaumet, en nombre del obispo de Nantes. Portaban órdenes del duque. Era el fin. Gilles de Rais se entregó, junto con Prelatti, Blanche, Henriet y Poitou, y fue llevado a juicio, y el 19 del mismo mes, es decir, cuatro días después de su detención, empezó el interrogatorio que continuó el día 28, y los días 8, 11, 13, 15 y 22 de octubre.

En el juicio (altamente detallado y del que aún existen los escritos del siglo XV), pasaba del insulto a los jueces al hundimiento más absoluto y fue encerrado en una prisión acomodada por su condición de noble. Se declaró al principio inocente, pero en uno de los trastornos de personalidad que ya sufría de años atrás, rectificó y se declaró culpable quedando muy arrepentido de lo que había hecho el día 15 de octubre y finalmente el día 22 ante los jueces eclesiásticos, comandados por el obispo de Saint-Brieuc, documentó todos los asesinatos y las vejaciones que practicaba a los niños (de entre 7 y 20 años), actuaciones pedófilas, rasgaduras, colgamientos del techo por ganchos, decapitaciones, etc. Dijo que hasta había bebido la sangre de los niños, incluso cuando estos aún estaban vivos, que “necesitaba aquel goce sexual” y que escribió un libro de conjuros con la supuesta sangre de los asesinados. Fueron confesiones tremendas, toda Francia se convulsionó ya que la gente no se creía que uno de sus héroes fuera un hombre tan vil. Se llegaron a constatar 200 víctimas aunque probablemente fueran muchas más. Fue condenado por asesinato, sodomía y herejía.

Fue tanto el horror que provocó su confesión que durante el juicio, uno de los presentes cubrió el crucifijo que presidía la sala por la vergüenza que generaban sus palabras. Según crónicas de la época las paredes emanaron sangre que lentamente se deslizó hacia el piso como buscando redención.

Ante su desmedido arrepentimiento fue incluso objeto de compasión de clérigos y plebeyos y se concedió la petición de que fuera una comitiva detrás de él hacia su lugar de ejecución. Finalmente el día 26 de octubre de 1440, Gilles de Rais junto a dos de sus más perversos colaboradores, habiendo rechazado la gracia real (perdón de la pena que se le extendía por ser Par de Francia) fue conducido al prado de la Madeleine en Nantes para ser decapitado. Sus restos fueron enterrados con solemnidad en la iglesia de las carmelitas de Nantes, a petición del mariscal.

Fragmentos de la declaración de Gilles de Rais en el juicio

“Yo, Gilles de Rais, confieso que todo de lo que se me acusa es verdad. Es cierto que he cometido las más repugnantes ofensas contra muchos seres inocentes –niños y niñas- y que en el curso de muchos años he raptado o hecho raptar a un gran número de ellos –aún más vergonzosamente he de confesar que no recuerdo el número exacto- y que los he matado con mi propia mano o hecho que otros mataran, y que he cometido con ellos muchos crímenes y pecados”.

“Confieso que maté a esos niños y niñas de distintas maneras y haciendo uso de diferentes métodos de tortura: a algunos les separé la cabeza del cuerpo, utilizando dagas y cuchillos; con otros usé palos y otros instrumentos de azote, dándoles en la cabeza golpes violentos; a otros los até con cuerdas y sogas y los colgué de puertas y vigas hasta que se ahogaron. Confieso que experimenté placer en herirlos y matarlos así. Gozaba en destruir la inocencia y en profanar la virginidad. Sentía un gran deleite al estrangular a niños de corta edad incluso cuando esos niños descubrían los primeros placeres y dolores de su carne inocente”.

“Contemplaba a aquellos que poseían hermosa cabeza y proporcionados miembros para después abrir sus cuerpos y deleitarme a la vista de sus órganos internos y muy a menudo, cuando los muchachos estaban ya muriendo, me sentaba sobre sus estómagos, y me complacía ver su agonía…”.

“Me gustaba ver correr la sangre, me proporcionaba un gran placer. Recuerdo que desde mi infancia los más grandes placeres me parecían terribles. Es decir, el Apocalipsis era lo único que me interesaba. Creí en el Infierno antes de poder creer en el Cielo. Uno se cansa y aburre de lo ordinario. Empecé matando porque estaba aburrido y continué haciéndolo porque me gustaba desahogar mis energías. En el campo de batalla el hombre nunca desobedece y la tierra toda empapada de sangre es como un inmenso altar en el cual todo lo que tiene vida se inmola interminablemente, hasta la misma muerte de la muerte en sí. La muerte se convirtió en mi divinidad, mi sagrada y absoluta belleza. He estado viviendo con la muerte desde que me di cuenta de que podía respirar. Mi juego por excelencia es imaginarme muerto y roído por los gusanos”.

“Yo soy una de esas personas para quienes todo lo relacionado con la muerte y el sufrimiento tiene una atracción dulce y misteriosa, una fuerza terrible que empuja hacia abajo… Si lo pudiera describir o expresar, probablemente no habría pecado nunca. Yo hice lo que otros hombres sueñan. Yo soy vuestra pesadilla”.

 

 

Perfectamente Imperfecta

El sastre de Chalons

El 14 de diciembre de 1598, en París, un sastrecillo de la ciudad de Chalons fue condenado a la hoguera por sus horribles crímenes. En efecto, el sastre, valiéndose de mil artimañas que no son del caso, atraía a los niños de ambos sexos a su tienda y tras abusar de ellos les cercenaba la garganta y los desmembraba como lo hubiera hecho el más experto de los matarifes.

Al anochecer,en forma de lobo,se paseaba por los bosques y atacaba a los aldeanos para destrozarles la garganta. Cuando todo se descubrió, fueron hallados en el sótano de su tienda restos de huesos ya blanqueados y otros despojos de seres humanos. El sastre, al parecer fue quemado mientras blasfemaba y se ufanaba de sus delitos. Y los detalles de las muertes eran tan insólitos y obscenos, que el Tribunal ordenó quemar todo el legajo del proceso.

Espero que esto solo sea un cuento y no sea real, porque me ha marcado bastante…

Perfectamente Imperfecta

Petter Stubbe

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El caso de Peter Stubbe, mejor conocido como el “hombre lobo” alemán, ejecutado en 1589 en la localidad de Bedburg, es uno de los tantos casos lastimosos de un hombre perdido por sus propias confesiones, forzadas por la tortura.
Un perfecto ejemplo de la injusticia, un hombre a quien ya se lo había condenado antes de que comenzara el juicio correspondiente.

Sabemos que entre los siglos XV al XVIII, muchos ofensores sexuales fueron juzgados como “brujos”, “hombres lobo” e incluso “vampiros” por los fanáticos religiosos que condenaban cruelmente cualquier actitud o pensamiento que no coincidiese con los dogmas establecidos por la iglesia.

Obligaban a las personas detenidas a confesar crímenes (que muchas veces no habían cometido), pactos con el Diablo, y otras tantas actividades, todas consideradas como “brujerías” a pesar de la inocencia del inculpado, y por razones tan simples y vanales como la excentricidad, la fealdad, la falsa acusación por parte de un vecino, o la deformidad física.
Sometían a las personas a crueles torturas con el fin de arrancarles, no sólo los miembros, sino alguna “confesión de culpabilidad” en contra de los dogmas eclesiásticos.

En el Museo Británico y en la Biblioteca de Lambeth, se encuentran los dos ejemplares originales de la acusación de licantropía de éste hombre, Peter Stubbe.

Si bien es cierto que 13 niñas, 2 mujeres y un hombre fueron asesinados en la pequeña comunidad de Bedburg, , incluso algunas de las mujeres y niñas sufrieron también asaltos sexuales y mutilaciones en el espacio de veinticinco años, el verdadero asesino nunca fue hallado.

Cuando arrestaron a Peter Stubbe, luego de ser éste identificado por unas personas a las que había tratado de robar unos días antes, el hombre, al verse enfrentado con la seguridad de sufrir un tormento tal que le hubiese obligado a confesar cualquier cosa, admitió su culpa y proporcionó detalles de algunos de los crímenes.

Stubbe confesó poseer un cinturón mágico que lo transformaba en un “lobo voraz y devorador, fuerte y poderoso, con ojos grandes y alargados, que brillaban como tizones de carbón por la noche, una boca grande y ancha, con dientes muy afilados y crueles, un cuerpo fornido y garras poderosas”.

Los que lo acusaban, registraron el valle donde Stubbe dijo que había dejado su cinturón mágico, pero (lógicamente) no encontraron nada.
Naturalmente jamás existió, como tampoco era cierto que se transformaba en lobo, ni que había hecho pacto alguno con el Diablo… tales ingredientes en las confesiones de los acusados, cuando la hechicería se añadía a la lista de presuntos crímenes, eran la moda de la época.

De todas formas, los jueces no dudaron en creer su confesión, sino que, por el contrario, declararon: “…Se puede muy bien suponer que el cinturón ha ido a manos del diablo de quien provino…”.

Y lo peor fue la venganza, pues lo condenaron a tener su cuerpo atado a una rueda, y le aplicaron tenazas al rojo vivo sobre diez puntos distintos de su cuerpo hasta llegar a la carne de los huesos, luego de ésto le rompieron los brazos y piernas con un hacha de madera, para finalmente cortarle el cuello en redondo y, finalmente, reducir su cuerpo a cenizas.

Éstos son algunos fragmentos de los documentos orginiales correspondientes al caso:

” Discurso verdadero declarando la vida condenable y la muerte de un tal Peter Stubbe, un terrible y malvado hechicero, que bajo la forma de lobo cometió muchos asesinatos, continuando esta práctica doble durante veinticinco años, matando y devorando hombres, mujeres y niños. El cual, por tales hechos fue apresado y ejecutado el 31 de octubre pasado en la Torre de Bedburg, cerca de la ciudad de Colonia, en Alemania:

En las ciudades de Cperadt y Bedburg, en la alta Alemania, se crió y nutrió un tal Peter Stubbe, que desde su juventud se sintió grandemente tentado al mal, y practicó las malas artes entre los doce y los veinte años, siguiendo así hasta hoy, sumergiéndose en los conocimientos de la magia, la nigromancia, la hechicería, y trabando conocimiento con muchos espíritus infernales…

… este gran pecador no deseaba riquezas ni ascensos, ni menos se satisfacía su fantasía con ningún placer externo, sino que poseyendo un corazón tirano y una mentalidad cruel y sangrienta, que estaba dispuesto a acometer. El Demonio, que comprendió que sería un instrumento adecuado para realizar todas las maldades posibles, un arma de destrucción, le entregó una faja que debía ponerse para transformarse en un voraz lobo, fuerte y poderoso, de ojos enormes y brillantes, que en la noche relucían como tizones encendidos, una boca ancha y profunda, con colmillos agudos y crueles, un cuerpo inmenso y aceradas garras. Y tan pronto como se quitase la faja volvería a adoptar su verdadera forma humana…

… Peter Stubbe se mostró muy complacido, ya que la forma de lobo armonizaba con su fantasía y su naturaleza, inclinada a la sangre y la crueldad, viéndose satisfecho con este don extraño y diabólico, ya que no podía acarrearle mal alguno, puesto que la faja podía ser escondida en cualquier sitio reducido. Así pasó a la consumación de los más viles y repugnantes crímenes, ya que si alguna persona le enojaba, al momento ansiaba tomarse cumplida venganza, merodeando por la ciudad y sus alrededores en forma de lobo, no descansando hasta haberle destrozando la garganta a su víctima y desmembrarla. Gozaba tanto con la vista de la sangre, que empezó de noche a vagar por los campos, ejecutando extremas crueldades. Y de día iba ataviado por las calles como los demás, bien conocido por todos los habitantes, siendo a veces saludado por aquellos cuyas amigas e hijas había asesinado, sin que nadie sospechase de él. En estas poblaciones vagaba arriba o abajo, espiando por si divisaba a alguna doncella, esposa o hija, que agradase a sus ojos y encendiese la pasión en su corazón, tras lo cual acechaba la ocasión en que su víctima salía de su población, particularmente si lo hacía sola, echando a correr tras ella, y con toda crueldad la asesinaba; también a veces, merodeando por los campos o los bosques, veía a varias jóvenes juntas, jugando o descansando, y de repente en su forma de lobo, se abalanzaba sobre ellas, y mientras las otras huían, él apresaba a una, y una vez realizada su lasciva hazaña, la asesinaba, y si le había gustado alguna de sus compañeras corría en su busca por todas partes y la separaba de las demás, pues tal era su velocidad y rapidez de movimientos gracias a su forma de lobo, que podía vencer a cualquier sabueso de la región; y tanto practicó estas maldades que toda la provincia empezó a temerle, espantados de aquel lobo siniestro y ávido de sangre. Así continuó sus diabólicas y condenables hazañas durante unos cuantos años, asesinando a trece jovencitas y a dos mujeres en cinta, a las que abrió en canal para quitarles los fetos, comiéndose sus corazones sangrientos y palpitantes, que para él eran exquisitos bocados que amortiguaban su feroz apetito…

…solía matar a menudo corderos y ovejas, como hacen los lobos, alimentándose con su sangre y la carne cruda, como si fuese un lobo auténtico, de forma que todos los que vivían en aquellos parajes le temían como a una alimaña…

…mucho tiempo continuó su villana existencia, a veces en disfraz de lobo, otras como hombre, ya en las poblaciones, ya en los bosques y espesuras, donde una vez llegó a encontrarse con dos hombres y una mujer, a quienes deseó grandemente asesinar, para lo cual, y como conociera a uno de ellos por el nombre, se escondió entre unas matas, y lo llamó en voz alta. El aludido tendió la vista en derredor, y al no ver a nadie, fue a investigar por entre los arbustos, abalanzándosele el lobo y matándolo en el acto. Transcurridos unos minutos, y como el hombre no volviera junto a la otra pareja, el otro individuo internóse por la espesura con ánimo de buscarlo, ocasión que ya acechaba el infame lobo para repetir su hazaña. Pero no se libró tampoco la mujer, ya que al verse sola y desamparada en el bosque, echó a correr, pero el lobo logró alcanzarla y se precipitó sobre ella atacándola sexualmente. Lo cierto es que jamás volvió a encontrarse el menor rastro de esta pobre víctima, aunque sí los cuerpos mutilados y devorados de sus compañeros.

Así vivió durante veinticinco años Peter Stubbe, sin que nadie sospechase que era el autor de tantas muertes y crueldades, durante cuyo tiempo asesinó y devoró a gran número de hombres, mujeres, niños, ovejas, corderos, cabras y otro ganado, ya que cuando le faltaban las víctimas humanas hacía presa en los animales…

…los habitantes de Colonia y Bedburg empezaron a salir de casa siempre armados a fin de poder repeler en caso necesario los ataques del lobo…

…todos los habitantes tenían grandes perros al acecho de la fiera, hasta que por fortuna lograron acorralarle, de modo que viéndose el lobo perdido, arrojó lejos de sí la faja, apareciéndose en forma humana con un cayado y yendo en dirección a la ciudad. Pero los hombres que seguían a los perros no se dejaron engañar y lo apresuraron. Poco después fue llevado a la ciudad de Bedburg, pero temeroso del tormento, voluntariamente confesó todas sus maldades, cometidas en el espacio de veinticinco años, confesando asimismo que el Diablo habíales entregado la faja, que arrojara en el valle antes de ser apresado; los magistrados enviaron a buscar la faja, que no fue hallada. Ya que el Diablo, habiendo logrado su propósito, la perdición de su aliado, le dejó entregado a los horrores del tormento.

Tras haber estado preso cierto tiempo, los magistrados examinaron el caso escrupulosamente, señalando que su hija Bell Stubbe y su comadre Katherine Trompin eran accesorios a los crímenes cometidos, siendo condenadas juntamente con Peter Stubbe el 28 de octubre de 1589.

Peter Stubbe, como principal encartado y malhechor, fue condenado a la rueda, siéndole quemada la carne con hierros candentes en diversos lugares del cuerpo, tras lo cual debían rompérsele las piernas y los brazos mediante hachas, separada la cabeza del cuerpo y reducidos los restos a cenizas.

Su hija y su comadre también debían ser reducidas a cenizas la misma hora del mismo día. Y el 31 de aquel mes, sufrieron la muerte acordada en la ciudad de Bedburg, en presencia de muchos pares y príncipes de Alemania.

Así, buen lector, te he hecho relación del verdadero discurso de este hombre malvado que era Peter Stubbe, que deseo sirva de advertencia y escarmiento a todos los hechiceros y brujas, que ilegalmente siguen a sus imaginaciones diabólicas hasta la ruina y destrucción de sus almas eternamente, por lo que ruego a Dios custodia a todos los hombres de bien, y a todos los corazones los proteja del mal.
Amén.”

A pesar del fanatismo y la fantasía de los inquisidores con los delirios del hombre lobo, tampoco se puede destacar que Stubbe cometiese los actos que describe en sus declaraciones, pues en algunos de estos casos, sólo el verdadero culpable de los crímenes podría haber proporcionado con exactitud la descripción de algunas de las mutilaciones en determinadas víctimas.

Sí es cierto que el asesino de las dieciséis víctimas tenía atemorizada a toda la región alemana, y que el proceso del presunto culpable ganó enorme atención por parte de las gentes del lugar.

Luego de la ejecución, se instaló a modo de advertencia de los magistrados de la ciudad de Bedburg, un poste al cual fue atado el cadáver de Stubbe, colgándose en lo alto la cabeza, y un dibujo en forma de lobo como recuerdo de sus muchos crímenes, con dieciséis piezas de madera de un metro de largo como representación de las dieciséis víctimas conocidas sucumbidas ante ese “hombre lobo”.
También ordenaron que debería erigirse un monumento en memoria de los asesinatos allí cometidos.

Perfectamente Imperfecta

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