Canal RSS

Archivo de la categoría: ♪ Egipto

El ave Fénix

El nombre egipcio del vocablo helénico Fénix es “Bennu” o “Belu”. Se lo considera heredero de Ra (deidad del Sol) y símbolo de Osiris. Su ciudad sagrada, donde se rendía culto de sus dones, era la egipcia Heliópolis.

La cualidad esencial de este ser era la de “crearse a sí mismo”, por ello representaba a Ra-Atum… La mitología egipcia indica que este gran pájaro viajaba de Arabia hasta su templo sagrado cada medio milenio, que es el promedio de años que cumplía desde su nacimiento hasta su deceso (otras versiones sostienen que perecía a los 7007 años). Su llegada y partida determinaba los ciclos del tiempo, por ello Heliópolis llegó a ser el centro de regulación y legislación del calendario.

Durante el período medieval se lo relacionó con el planeta Venus (de éste se decía que era “guía” del sol). La iconografía egipcia suele representar al Fénix con una corona llamada “atef”; su santuario fue bautizado con el nombre “Hut-Benben” (que significa “la casa del obelisco”).

El Fénix ha sido un símbolo recuperado por la astrología. Antiguos astrólogos lo han vinculado con la “revolución sideral” porque creían que la concepción de un nuevo Ave Fénix señalaba el inicio de una era novedosa para la humanidad. Durante el gobierno del emperador romano Claudio se capturó una de estas aves en Egipto, que fue llevada a Roma. Y se dio inicio a una nueva etapa en la Historia del Imperio.

El Ave Fénix, la Egiptología y el Eterno Retorno

De las culturas arcaicas, asentadas en las costas del Mar Mediterráneo, nos llegaron diversas versiones de la leyenda del Ave Fénix. Algunas variantes indican que resurge de sus cenizas cada milenio, otras señalan que lo hace cada quinientos años, pero todas coinciden en que se trata de un ave única en su especie, de belleza incomparable, que periódicamente muere envuelta en llamas. Es un símbolo de la “palingenesia” deseada por la Humanidad (la “palingenesia” alude a la doctrina del Eterno Retorno, defendida por los estoicos).

El tratadista alquímico Michael Maier describe esta criatura con cuello de cuello color púrpura, rodeado de un collar dorado, con su cabeza adornada con un penacho rutilante como el rubí, con alas blanquecinas en la parte delantera y rojizas por detrás.

Maier indica también que este animal migra a Tebas cada diez siglos para morir, feliz de terminar sus días con la esperanza segura de resucitar.

La mitología egipcia del siglo XIII a.C. manifiesta que, cuando el primer dios era Belu (la “garza púrpura”), su graznido dio inicio al Tiempo. El “Belu” (semejante al ave fénix) era considerado como la deidad responsable de rescatar al mundo del caos y la oscuridad.

Por otra parte, la mitología griega afirma que la hermosura del canto del Fénix fue capaz de hacer que Apolo, el dios Sol (Febo Apolo), detuviera su carroza para oírla… Pero al reiniciar su viaje, las chispas de las patas de sus caballos prendieron fuego al nido y el Fénix pereció en un incendio de perfume y apasionadas canciones. Después de tres días, un Fénix renovado resurgiría de sus escombros para retornar al Paraíso.

El libro de las puertas, una guía al mas allá

 

El Libro de las puertas es un texto sagrado del antiguo Egipto datado en la época del Imperio Nuevo. Narra el viaje del espíritu de un difunto en el otro mundo, y está relacionado con la marcha del Sol, aunque transcurre durante las horas nocturnas, en la Duat. El espíritu requiere pasar una serie de “puertas” en diferentes etapas del viaje. Cada puerta se asocia a una diosa diferente, y requiere que el difunto reconozca el carácter específico de cada deidad. El texto da a entender que algunas personas pasarán incólumes, mientras que otras sufrirán tormento en un lago de fuego.

La parte más célebre del Libro de las puertas se refiere a las diferentes razas de la humanidad conocidas por los egipcios; dividiéndolas en cuatro categorías que son normalmente expuestas como “egipcios”, “asiáticos”, “libios” y “nubios”. Se les representa en procesión, entrando en el otro mundo.

El texto y las imágenes asociadas con el Libro de las puertas aparecen en muchas tumbas del Imperio Nuevo, inclusive en todas las tumbas de los faraones desde Horemheb a Ramsés VII. También se muestran en la tumba de Senneyam, un trabajador del poblado de Deir el-Medina, la antigua localidad de artesanos y artistas que construyeron las tumbas de los faraones del Imperio Nuevo

Cada diosa del Libro de las puertas tiene un título diferente, y portan vestidos de color distinto, pero son idénticas en todo lo demás, llevando todas sobre sus cabezas estrellas. La mayor parte de las diosas son específicas del Libro de las puertas, y no aparecen en otros textos de la mitología egipcia, así que se ha sugerido que el relato se originó simplemente como un sistema para determinar el ciclo nocturno, con una diosa en cada puerta, siendo estas una alegoría de la principal estrella que surge en cada hora.
[editar] Fuentes del Libro de las puertas

Dinastía XVIII

* Tumba de Horemheb, KV57,

Dinastía XIX

* Tumba de Ramsés I, KV16,
* Tumba de Sethy I, KV17, su sarcófago y el corredor desde el Templo de Abidos,
* Tumba de Ramsés II, KV7
* Tumba de Mineptah, KV8 y su sarcófago,
* Tumba de Sethy II, KV15,
* Tumba de Tausert, KV14,

Dinastía XX

* Sarcófago de Ramsés III, KV11
* Tumba de Ramsés IV, KV2,
* Tumba de Ramsés VI y Ramsés VII, KV9
* Tumba de Ramsés VII, KV1,
* Tumba de Ramsés IX, KV6

Egipto, entre Esfinges y pirámides

La Gran Esfinge de Guiza es una monumental escultura que se encuentra en la ribera occidental del río Nilo, en la ciudad de Guiza, unos veinte kilómetros al sudoeste del centro de El Cairo. Los egiptólogos estiman que fue esculpida c. siglo XXVI a. C., durante la dinastía IV de Egipto.

Los lugareños la llamaban Abu el-Hol «Padre del Terror», corrupción de la expresión copta bel-hit, que se aplica a quien manifiesta su inteligencia en los ojos y que traduce la denominación egipcia hu o ju que significa el guardián o vigilante.

La Gran Esfinge se realizó esculpiendo un montículo de roca caliza situado en la meseta de Guiza. Tiene una altura de unos veinte metros, midiendo el rostro más de cinco metros. La cabeza podría representar al faraón Kefrén, dato que no es seguro aun, debido a que es posible que la construyese un faraón menor, anterior a Kefrén, teniendo el cuerpo la forma de un león. En épocas antiguas estaba pintada en vivos colores: rojo el cuerpo y la cara, y el nemes que cubría la cabeza con rayas amarillas y azules. Sus dimensiones aproximadas son: 57 metros de longitud y veinte de altura.[

Se construyó un templo frente a la estatua, datado del Imperio Antiguo, y otro más al norte, junto a la esfinge, durante el Imperio Nuevo, como lugares de ofrendas a la "imagen viviente". Kefrén erigió un templo en la zona sur, que está comunicado con su pirámide mediante una larga avenida procesional. Gozó de veneración y culto por los egipcios desde la antigüedad, especialmente durante el Imperio Nuevo.

Fue identificada con el dios extranjero Horum, y con el dios egipcio Horus como Hor-em-Ajet, o Harmajis, "Horus en el horizonte". En lengua árabe la denominaron Abu el-Hol "Padre del Terror". El epíteto dado por los egipcios a las esfinges era shesep-anj "imagen viviente".

Se tiene constancia de restauraciones desde la dinastía XVIII, durante el Imperio Nuevo.

Los estratos calizos inferiores se descomponen fácilmente con la humedad del ambiente, pero la arena arrastrada por los vientos del desierto cubrió su cuerpo periódicamente, protegiéndola de la erosión durante siglos.

En época de Tutmosis IV, en la “Estela del Sueño” erigida frente a ella, se describe que en una cacería, el futuro Tutmosis IV, durmió bajo la cabeza de la Esfinge y ésta, en sueños, le prometía que sería elegido rey si despejaba la arena que la cubría.

En el siglo XX se llevaron a cabo trabajos de restauración y consolidación del revestimiento desde el año 1925, con resultados poco satisfactorios por las técnicas y materiales empleados, con posteriores actuaciones en 1980 y 1992.

En el siglo XXI prosigue la restauración de los desperfectos originados por la erosión.[3]

Debido a los ataques de los mamelucos, hoy en día la esfinge no posee nariz ni barba postiza. Esta última se encuentra en el Museo Británico de Londres

Los atlantes

La Gran Esfinge, junto con la Gran Pirámide, han sido temas recurrentes de escritores visionarios y adeptos del pensamiento mágico desde el siglo XIX. Edgar Cayce, visionario y curandero estadounidense, difundió la teoría de una antigua civilización: los atlantes. Para Cayce y sus seguidores, la Gran Esfinge había sido construida por los atlantes, y creen que bajo la estatua se encuentra la «Sala de los Archivos».

Cayce pretendía haber vivido en la Atlántida hace 15000 años, y tras su destrucción, huyó con los Archivos de dicha civilización a Egipto, enterrándolos cerca de la Esfinge.

En 1957, Rhonda James y su hermana viajan a Egipto con el propósito de encontrar la «Sala de los Archivos», obtienen un permiso, y tras excavar dos metros y medio sólo encuentran agua (el nivel freático). Mark Lehner, ferviente defensor de Cayce y de su teoría de los atlantes, también intentó encontrarla en 1973. Paulatinamente, fue abandonando dichas opiniones.Actualmente, Lehner está considerado la mayor autoridad mundial en la Esfinge y la necrópolis de Guiza. Mark Lehner y Zahi Hawass, secretario general del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, son los más destacados adversarios de dichas creencias.

La Fundación Edgar Cayce sigue patrocinando expediciones a Guiza, escritores y documentales que apoyen sus creencias.

 

Templo funerario de Micerino, construido junto a su pirámide en Guiza, mostrando evidentes muestras de erosión en la piedra caliza debidas al viento arenoso y la lluvia.
La erosión de la Esfinge

Schwaller de Lubicz observó que la erosión de la Esfinge se podía deber a la acción del agua. John A. West escribe que también se observa en los templos funerarios de los faraones, y si dicha erosión no se debe al viento arenoso, que suele mostrarse asombrosamente similar, la Esfinge podría datarse miles de años atras, cuando en Egipto había otro clima, indicando «15000 años».

El geólogo Schoch, también apoya dicha idea y la estima entre 5000 y 7000 a. C. Pero parten de premisas erróneas, pues en la actualidad llueve en todo Egipto, con poca frecuencia, pero torrencialmente. El clima semidesértico actual se impuso en el país a fines del Imperio Antiguo de Egipto, hacia el año 2000 a. C. Los estudios geológicos de la erosión efectuados por J. Harrel, K. Gauri, y G. Vandecruys, en 2006, impugnaron la teoría de Schoch y concluyeron que la atribución de la Esfinge a la Dinastía IV es la interpretación más correcta.

Las pirámides de Egipto son, de todos los vestigios que nos legaron los egipcios de la Antigüedad, los más portentosos y emblemáticos monumentos de esta civilización, y en particular, las tres grandes pirámides de Guiza, las tumbas o cenotafios de los faraones Keops, Kefrén y Micerino, cuya construcción se remonta, para la gran mayoría de estudiosos, al periodo denominado Imperio Antiguo de Egipto. La Gran Pirámide de Guiza, construida por Keops (Jufu), es una de las siete Maravillas del Mundo.

La mastaba, construcción casi prismática, era la sepultura de los soberanos del periodo arcaico de Egipto. Las razones del paso de las mastabas a las pirámides no se conocen bien, pero se menciona generalmente el deseo de alcanzar alturas cada vez más significativas para manifestar la importancia y el poder del faraón difunto. Estas construcciones pese a sus imperfecciones, lograron ser las bases para la consolidación de nuevos criterios de pirámides que surgirían a lo largo del tiempo.

En los Textos de las Pirámides, grabados durante el Imperio Antiguo, existe una plegaria destinada al rey y su pirámide:

Oh Atum, pon tus brazos alrededor de este gran rey, alrededor de esta construcción, y alrededor de esta pirámide como los brazos del símbolo del ka, para que la esencia del rey pueda estar en ésta, perdurando para siempre.
Oh Gran Enéada que estás en Heliópolis, haz que el (nombre) del rey perdure, haz que esta pirámide del rey y esta construcción suya perduren para siempre, como el nombre de Atum que preside sobre la Gran Enéada perdura.

Esta última frase se repite muchas veces, variando los nombres de los dioses y sus epítetos.

Los textos citados indican la función de la pirámide: contener la «esencia» del rey por toda la eternidad. Según los mismos textos, el rey resucita, y asciende al cielo para vivir eternamente entre los dioses, transfigurado en una estrella. (ver: Elementos del ser humano)

A principios de la Dinastía III (c. de 2700 a. C.) las mastabas se transformaron en pirámides escalonadas, constituidas con varias gradas, a modo de una “escalera gigantesca” que se elevaba hacia el cielo.

La primera y más famosa de estas es la pirámide escalonada de Saqqara del faraón Dyeser (Zoser), cuyo arquitecto era Imhotep, que posiblemente quiso crear un monumento que se eleva hacia el cielo, como una gigantesca escalera, con el fin de simbolizar la ascensión del difunto del “mundo terrenal” hacia los “Cielos”.

La siguiente etapa, en la evolución de las pirámides, fue la construcción ordenada erigir por el rey Seneferu, la llamada “pirámide romboidal”, o “pirámide acodada”, en la región de Dahshur, que se considera una etapa intermedia entre la “pirámide escalonada” y la “pirámide clásica”, o de caras lisas. En la pirámide romboidal las caras están conformadas con dos pendientes, de inclinación decreciente en dirección a la cumbre. La ausencia de uniformidad de esta pendiente podría ser un efecto geométrico voluntario. O, como sostienen algunos expertos, debido a dificultades arquitectónicas, por la estabilidad de la pirámide (pendiente original demasiado fuerte), o su método de construcción (transporte de bloques a gran altura), o por dificultades de suministro (situación geopolítica), etc.

Este tipo de pirámides es la etapa que conduce, en la fase última de evolución, hacia las pirámides clásicas, de caras lisas, de la Dinastía IV (c. 2500 a. C.); las más célebres son las pirámides de Keops, Kefren, y Micerino, erigidas en la meseta de Guiza, cerca de El Cairo.

Otros faraones de la dinastía IV iniciaron la construcción de sus pirámides, como Nebkara (Zawyet el-Aryam), pero quedaron sin concluir. El último faraón, Shepseskaf, erigió un monumento a modo de gran sarcófago pétreo, la mastaba de Shepseskaf en Saqqara. La pirámide de Dyedefra (Abu-Roash) llegó a ser 7 metros más alta que la de Keops, pero desde los romanos ha sido destruida para usar sus piedras en la construcción.

Durante la dinastía V la mayoría de sus reyes levantaron complejos de pirámides, en Saqqara y Abusir, pero de menores dimensiones y técnicamente muy inferiores. Prosiguieron erigiéndolas en Saqqara Teti, Pepy I, Merenra I y Pepy II, durante la dinastía VI.

En el denominado primer período intermedio de Egipto algunos gobernantes continuaron la tradición, como Neferkara Neby, Jui, Ity, o Merykara, pero apenas quedan restos.

Es en el Imperio Medio (dinastía XII, c. 1990 a. C.) cuando se levantan las últimas grandes pirámides, pero con núcleos de adobe y revestimiento pétreo, actualmente desmoronado.

Otros faraones de la dinastía IV iniciaron la construcción de sus pirámides, como Dyedefra (Abu-Roash) y Nebkara (Zawyet el-Aryam), pero quedaron sin concluir. El último faraón, Shepseskaf, erigió un monumento a modo de gran sarcófago pétreo, en Saqqara.

Los faraones del Imperio Nuevo prefirieron construir grandes templos e hipogeos en la zona de Tebas.
Pirámides pétreas menores y más estilizadas fueron erigidas por los dignatarios de la dinastía XXV (c. 747 a. C.), en Napata y Meroe (Kush).

Las pirámides muestran, para su época, el gran conocimiento de los técnicos egipcios y la capacidad organizativa necesaria para erigir tales monumentos con medios muy simples; pero nada parece indicar que hiciera falta una tecnología superior a la que disponían los egipcios representada por “ingenios” de madera, trineos e, hipotéticamente, usando la rueda, en forma de rodillos de madera, y rampas.

No se sabe con certeza cómo se construyeron las pirámides, pues no han perdurado documentos de su época que lo describan. Además, se utilizaron diversos materiales (piedra escuadrada, piedra sin tallar, adobe) y variadas técnicas en la construcción de sus núcleos (apilamiento de bloques, muros resistentes conformando espacios rellenos de cascotes, etc.).

La hipótesis más aceptada es la siguiente: previamente se procedía a aplanar el terreno rocoso, y excavar canales para inundarlos de agua y así poder marcar líneas de nivel con las que se preparaba una superficie horizontal. Después se rellenaban los surcos. A continuación se excavaba la cámara subterránea y se comenzaba la edificación. La mayoría de los bloques de piedra eran cortados en canteras próximas al lugar de construcción. Se transportaban otros de las canteras del sur del país con ayuda de gigantescas barcazas. Los bloques se colocaban a continuación sobre trineos y se arrastraban hasta su emplazamiento definitivo.

Teorías sobre su construcción

Existen numerosas teorías, meramente especulativas, sobre el método de construcción de las pirámides egipcias, pero los especialistas no se ponen de acuerdo en numerosos puntos, debido a la total ausencia de documentos, de esas épocas, que describan el proceso seguido para edificarlas. Algunas de estas teorías son:

  • Sin rampas: según comentaron a Heródoto los sacerdotes egipcios, comenzaban construyendo una serie de “gradas”, y utilizando “ingenios” de madera, subían los bloques desde el suelo a la primera “grada”, luego a la segunda, y así sucesivamente. Es el modo de construir más lógico, posteriormente utilizado por griegos, romanos, maestros de obras medievales, etc., con “ingenios” de madera.
  • Rampa incrementada: la construcción se realizaba conformando una gran rampa de arena, rectilínea, que aumentaba de altura y anchura según crecía la pirámide. Presenta, entre otras, la dificultad de ampliar la rampa y el gran volumen de esta, superior incluso al de la pirámide y el trabajo requerido en montarla y desmontarla.
  • Múltiples rampas: las piedras eran levantadas sobre cada hilada para acceder al siguiente nivel. De llevarse a cabo la construcción habrían tenido que salvar, entre otras, la gran dificultad que supone colocar los últimos bloques de cada nivel.

Teorías sobre quienes las construyeron

Existen distintas teorías acerca de quienes construyeron las pirámides. La más difundida de ellas cuenta que fueron construidas por miles de esclavos, y esta leyenda aún se sigue contando a los turistas; incluso ha sido reflejada en algunas películas de Hollywood.

Zahi Hawass sostiene que fueron obreros, y muy bien tratados. En una intensa investigación, Mark Lehner encontró muchos huesos de vaca en la calle principal de la ciudad, tantos como para darles de comer a miles de hombres durante casi un siglo. Además, también encontró miles de raspas de pescado. Supuso que además de carne de vaca también se les daba toneladas de pescado del Nilo.

En Egipto se han hallado más de cien pirámides de la época faraónica. La siguiente tabla muestra una cronología de la construcción de las pirámides de mayor tamaño. Cada pirámide está identificada con el faraón que ordenó edificarla, la fecha aproximada del reinado y su localización geográfica actual.

Faraón «Pirámide» Reinado (± 50 años) Ubicación
Dyeser (Zoser) «Escalonada» c. 2660 a. C. Saqqara
Seneferu «en ruinas» c. 2610 a. C. Medium
Seneferu «Acodada» c. 2600 a. C. Dahshur
Seneferu «Roja» c. 2600 a. C. Dahshur
Jufu (Keops) c. 2570 a. C. Guiza
Dyedefra c. 2550 a. C. Abu Roash
Jafra (Kefrén) c. 2540 a. C. Guiza
Menkaura (Micerino) c. 2510 a. C. Guiza
Neferirkara c. 2450 a. C. Abusir
Amenemhat I c. 1970 a. C. El Lisht
Senusert I c. 1950 a. C. El Lisht
Senusert II c. 1880 a. C. El Lahun
Senusert III c. 1870 a. C. Dahshur
Amenemhat II c. 1850 a. C. Dahshur
Amenemhat III c. 1850 a. C. Hawara

Museos en Egipto

Las enigmáticas tierras de Egipto rebozan de historia y tesoros, los cuales han sido preservafos en gran parte gracias a la labor de muchos de los emblemáticos museos del país.

Si visitas Egipto no puedes dejar de conocer de conocer los importantísimos museos que posee, estas instituciones son una suerte de pasaje a través del tiempo los que te permiten descubrir y comprender la historia de los antiguos, como la más profunda esencia de esta cultura.

El Museo Egipcio de El Cairo o Museo de Antigüedades Egipcias, conocido comúnmente como Museo Egipcio , se encuentra en El Cairo (Egipto), y custodia la mayor colección de objetos de la época del Antiguo Egipto; posee más de 120.000 objetos clasificados de diferentes épocas de la historia egipcia: Tinita, Imperio Antiguo, Imperio Medio, Imperio Nuevo, Tercer Período Intermedio, Tardío, Helenístico y Romano, sobresaliendo de otros museos no solo por la cantidad, sino también por la importancia de muchos de ellos. Más de 2 millones y medio de personas visitan el museo anualmente.

Se encuentra en el centro de El Cairo, en la plaza Tahrir. Fue diseñado en 1900 por el arquitecto francés Marcel Dourgnon en estilo neoclásico, inaugurándose en 1902. Lo administra el Consejo Superior de Antigüedades (Supreme Council of Antiquities, SCA), cuyo secretario es Zahi Hawass. Desde 2004 la directora del museo es Wafaa El Saddik, doctorada en arqueología en Viena.

En 1835 fue creado el Servicio de Antigüedades de Egipto para proteger los tesoros y monumentos del país de la codicia y expoliación local y extranjera. Esto condujo a que, por primera vez, el gobierno egipcio reuniera una colección de Arte Egipcio, que se guardó al principio en un pequeño edificio del parque Esbekiah de El Cairo, y más tarde fue trasladado a la Ciudadela de Saladino. Pero el gobernador de Egipto, Abbas Pachá, regaló esta colección al emperador austríaco Maximiliano, en su visita de 1855 a Egipto. En 1858 Auguste Mariette (entonces director del Servicio de Antigüedades) abrió un nuevo museo en el barrio de Bulaq, a orillas del Nilo, pero quedó inutilizado durante una gran inundación; el gobierno decidió construir un gran museo, y hasta entonces la colección se guardó en el palacio de Ismail Pachá, en Guiza.

Desde 1922 el museo experimentó un espectacular crecimiento al ser incrementados sus fondos con el gran tesoro de Tutankamón, de más de tres mil quinientas piezas, descubierto por los ingleses Howard Carter y Lord Carnarvon en la tumba del faraón, en el valle de los Reyes, frente a la antigua Tebas, actual Luxor.

En la planta baja se encuentra una amplia colección de papiros y monedas utilizadas en el mundo antiguo. Los numerosos papiros son generalmente pequeños fragmentos, debido a su deterioro en los últimos dos milenios. Están escritos en varios idiomas, griego, latín, árabe, egipcio antiguo y en escritura de jeroglíficos. Las monedas son de oro, plata y bronce, y las hay no solo de Egipto, también griegas, romanas, e islámicas, lo que ha ayudado a los historiadores en la investigación del comercio antiguo egipcio.

También en la planta baja hay objetos de los Imperios Antiguo, Medio y Nuevo, e incluyen estatuas, pinturas, y sarcófagos. Entre ellos hay objetos encontrados en las tumbas de varios faraones, así como otros muchos encontrados en el Valle de los Reyes.

En el piso superior se encuentra el tesoro de Tutankamón y la exposición continúa siguiendo un orden cronológico con objetos de las últimas dinastías, entre ellos los de las dinastías XXI y XXII de Tanis, incluida la máscara de oro del faraón Psusennes I. La colección acaba con la muestra de varias piezas del periodo romano, como un mosaico con la cabeza de Medusa.

Todavía hay un gran número de objetos en el almacén, situado en los sótanos del museo que no se han documentado, incluidos los procedentes de alrededor de 600 tumbas, cuyo inventario tendrá una duración de años.

En el museo se exhiben objetos de todos los periodos del antiguo Egipto:

  • Época predinástica y protodinástica:
    • Las vasijas de piedra y objetos funerarios.
  • Imperio Antiguo:
    • La estatuaria, pinturas, relieves y objetos mobiliarios.
  • Imperio Nuevo:
    • El gran tesoro de Tutanjamón (Tutankamón).
    • Estatuas, relieves y objetos del periodo de Amarna y sarcófago de Ajenatón.
    • Equipamiento funerario, joyas, maquetas y otros objetos.
    • Estatuas de reyes y personajes.
  • Periodo Tardío:
    • Estatuas, relieves y objetos funerarios
  • Época greco-romana:
    • Estatuas y objetos funerarios.

En los jardines del museo se exhiben esculturas de varias épocas.

Algunas piezas del museo

Archivo:GD-EG-Caire-Musée159.JPG

Trono de Tutankamon, encontrado en su tumba, hecho de madera, oro, plata y vidrio. Pertenece a la XVIII dinastía.

Archivo:Mannequin of Tutankhamun.jpg

Maniquí de Tutankamon Hecho de madera policromada con el rostro del rey, cortado en caderas y hombros, para exhibir vestidos. Fue hallado en su tumba, y pertenece a la XVII dinastía

Archivo:Tutmask.jpg

Máscara funeraria de Tutankamon, hecha de oro con incrustaciones de piedras preciosas y joyas. Representa el rostro idealizado del faraón de la XVIII dinastía

Archivo:Tutanhkamun innermost coffin.jpg

Ataúd más interior del sarcófago de Tutankamón, con su rostro idealizado.

Archivo:Pyramidion of the Pyramid of Amenemhet III at Dahshur.jpg

Piramidión de Amenemhat III, de granito, que coronaba la Pirámide Negra de ese faraón, construida durante la XII dinastía.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/61/Sphinx_of_Hetepheres_II_-_fourth_dynasty_of_Egypt.jpg

Esfinge de Hetepheres II, de la IV dinastía, hallada en Abu Roash. Fue esculpida en caliza.

Archivo:Sheik-el-Beled.jpg

El Alcalde del Pueblo, escultura de madera e incrustaciones hallada en la mastaba de Kaaper en Saqqara. Representa a este noble de la V dinastía

Archivo:PepiI-CopperStatue-Cropped.png

Estatua de cobre del Faraón Pepy I, de la VI dinastía, considerada la escultura metálica más antigua de la historia. Fue hallada en Hieracómpolis

Archivo:Khafre statue.jpg

Estatua sedente de Kefrén, hallada en el Templo del Valle de la Necrópolis de Guiza por Auguste Mariette. Fue esculpida en diorita durante la IV dinastía

Archivo:KV55 sarcophagus (Cairo Museum).jpg

Sarcófago hallado en la tumba KV55, atribuido a Kiya, Akenatón o Tiy, y perteneciente a la XVIII dinastía

Archivo:NarmerPalette ROM-gamma.jpg

Paleta de Narmer, primera mención a una unificación del Antiguo Egipto por parte del faraón Narmer, fundador de la I dinastía

Archivo:Egypt.Thutmose-III.statue.jpg

Estatua oferente del faraón Tutmosis III, esculpida durante la XVIII dinastía

Proyectos del siglo XXI

El gobierno egipcio comenzó una nueva iniciativa llamada Proyecto de las momias egipcias, que se viene desarrollando desde hace varios años. Según parece, algunas momias están mal identificadas. Gracias a la donación de un escáner móvil por la empresa Siemens y al dinero aportado por National Geographic, las momias de los faraones están siendo analizadas. La primera fue la de Tutankamon, en enero de 2005, con resultados sorprendentes. El objetivo es crear una gran base de datos con imágenes tridimensionales y del ADN de todas las momias de los faraones que se conservan tanto en Egipto como en el extranjero. Con ella, los investigadores podrán intercambiar datos y opiniones para establecer la genealogía de los reyes y los nobles mal identificados.

Museo de Ceramica Islamica. Este fantástico museo se encuentra en el interior del palacio del Príncipe Ibrahim; el Museo de Cerámicas Islámicas se ubica más precisamente en la Isla Gezira. Es muy común escuchar hablar de museos en Egipto ya que es la cultura con más historia y antecedentes a nivel mundial, de allí sus numerosos museos sobre faraones, momias y sus templos. Pero es llamativo encontrar un museo dedicado a los cerámicos, aunque formaron parte trascendental en las construcciones de esta cultura durante siglos. Fundado en 1998, desde entonces forma parte del Centro de Arte Gezira. En su interior se destacan además de los cerámicos ya mencionados, jarras, platos, copas, jarrones, tazas, platillos y bandejas de casi todas las dinastías que formaron parte de la cultura Egipcia. Un lugar muy interesante para conocer y disfrutar en familia, único en su especie.Todos los objetos proceden de Andalucía, Túnez, Irak, Siria y Persia.

El gran museo de Giza.

El Gran Museo de Egipto está localizado en la primera meseta desértica en las afueras de El Cairo, entre la Gran Pirámide de Giza y El Cairo. Constituye uno de los museos más grandes del mundo y el más grande de obras egipcias. El museo se concibe como un complejo cultural de actividades dedicadas a la Egiptología e incluye una instalación para conferencias, biblioteca e instalaciones multimedia.

El complicado y exigente programa tuvo que resolver un abanico de distintas actividades y servicios de mantenimiento, entrelazando las necesidades públicas y privadas, turísticas y académicas, de los visitantes del museo y de los conferenciantes. El museo incluye 30.000 m2 de espacio para exposiciones y un auditorio para 800 personas.

Para acoger a los 4,8 millones de visitantes al año era necesario crear una sensación de movilidad limpia y fluida. Ésta misma experiencia debía transmitirse a todos las personas, mayores o jóvenes, capaces o con minusvalías, al ascender por la gran escalera que conduce a los visitantes hacia en interior del mundo de los Faraones.

Aunque la función principal del nuevo Gran Museo de Egipto es ser un gran almacén de obras antiguas, la instalación tiene otras funciones a nivel urbano y social.

l emplazamiento de 50 hectáreas comprende un amplio espacio de jardines y parques para la comunidad local y los visitantes. El complejo amplia el museo con un centro de aprendizaje y proporciona instalaciones locales en el oeste de El Cairo.

Estas diferentes funciones supusieron una dificultad en el diseño del museo. Además de conducir al visitante era necesario cubrir las necesidades de seguridad, a la vez que se promovían las visitas locales.

Los edificios y el paisaje se integran completamente, de manera que el visitante experimenta una transición gradual a través de diferentes estratos desde el exterior al interior. El museo se desarrolla en torno a la premisa de que las piezas claves, las Pirámides, están detrás del edificio, conectadas visualmente.

La visión del masterplan

El emplazamiento del Gran Museo de Egipto se sitúa a dos kilómetros de las pirámides. El masterplan une las Pirámides con el museo en un eje visual integrado en la estructura geométrica del lugar. El museo se vuelve parte de la lectura monumental existente en el paisaje, entre la meseta del desierto y el valle del Nilo.

Por medio de una serie de manipulaciones topográficas el paisaje se pliega, emerge y se fragmenta para ocultar los edificios secundarios del museo, que incluyen dos restaurantes, instalaciones para el personal, cafeterías, venta de billetes y el gran complejo central de energía y acondicionamiento.

Propuesta arquitectónica

La propuesta para el Gran Museo de Egipto configura un nuevo ‘borde’ en la Meseta y crea una elegante ladera que se asemeja a un fino velo de piedra translúcida, estructurada en base a una geometría fractal, abriéndose y cerrándose como pliegues en la arena del desierto.

Visto desde El Cairo, esta nueva fachada grabada de piedra translúcida crea una identidad dinámica; desde dentro del museo, esta superficie traza una nueva trayectoria visual hacia las Pirámides.

El cerramiento del museo puede entenderse como un ritmo de estructura (física) y un espacio (como resultado) que se pliega con la fachada de la Meseta, convirtiéndola en arquitectura e intensificando su imagen atemporal

El Museo grecorromano de Alejandría fue creado en 1892, organizado al principio en un local situado en la Rue Rosetta de Alejandría (Avenida de Canopus, actualmente Horriya).
En 1895 fue trasladado al edificio actual, aunque contenía solamente once salas, el ala occidental del edificio; posteriormente fueron añadidas más salas, dándole su forma actual, en el emplazamiento de la carretera de Gamal Abdul Nasser.

El museo se organiza arquitectónicamente en torno a un patio ajardinado rodeado por un corredor con columnas, en el que se ofrece una selección de piezas monumentales.

Los fondos iniciales se deben a un particular, John Antoniadis, quién donó su colección a finales del siglo XIX a la institución entonces recién fundada.

El museo alberga antigüedades de la época de dominación grecorromana en Egipto, datadas desde el siglo III a. C. Posee la mayor colección de este periodo, integrada por cerca de 50.000 objetos, entre los que figuran también algunas obras de la época faraónica y copta.

Destaca la escultura en granito negro de Apis, el toro sagrado egipcio; además hay momias, sarcófagos, tapicerías y otros objetos y estatuas que ofrecen un panorama fiel de la civilización grecorromana en relación con Egipto.

La mayoría de los objetos proceden de las diversas excavaciones realizadas en la ciudad de Alejandría; también hay obras de arte de otras procedencias, pero siempre de la misma época cronológica. El museo continúa recibiendo en la actualidad numerosos hallazgos que se obtienen como fruto del azar en el arqueológicamente rico subsuelo de la ciudad.

El Museo al Aire Libre de Nubia y Asuán, en Egipto, es un grupo de monumentos del antiguo Egipto en la región de Nubia, a lo largo del Nilo, repartidos desde la ciudad de Asuán hasta la frontera sudanesa. Muchos de esos monumentos fueron desplazados debido a la construcción de la presa de Asuán en la Campaña Internacional para Salvar los Monumentos de Nubia auspiciada por la Unesco entre 1960 y 1980. El conjunto fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979 con el nombre de Monumentos de Nubia de Abu Simbel a File.

El  Museo de Mohamed Kalhik y Esposa en Giza el cual ostenta una exquisita colección privada de esculturas, esculturas y artículos de porcelana procedentes de Europa del siglo XIX.

El museo copto de El Cairo alberga algunos de los ejemplos mas importantes de arte e iconografía copta.Este museo despliega los primeros signos de cristianismo en estas tierras.

Perfectamente Imperfecta

Nefertiti y el culto religioso

Busto de NefertitiNació en 1397 a.C. Era hija de un funcionario  de palacio oriundo de Akhmim.

Su nombre significa “la belleza ha llegado”, y esto -según las esculturas, papiros y pinturas de su época- fue totalmente cierto. Nefertiti es considerada la mayor beldad humana del viejo Egipto.

Fue esposa del faraón Amenofis IV, quien después cambiaría su nombre por Akhenatón. Reina egipcia en 1382 a.C., fue declarada “esposa divina” lo que aumento su poder terrenal y espiritual.

Nefertiti reintegró la religión egipcia al antiguo culto a un solo dios: Atón (el Sol), volviéndola monoteísta por un tiempo.

Nefertiti consiguió tal influencia, que en esa época se rindió culto a la figura de la mujer, a la familia y a la pareja; en todos los relieves y pinturas aparece la reina como ejemplo extremo de fortaleza, virtud y delicadeza femeninas.

Su marido le hizo construir la nueva capital del Imperio: Tell-el-Amarna.

A ese sitio se fue a vivir la reina con sus seis hijas cuando decidió separarse del faraón por desacuerdos respecto a la religión, pues aunque su esposo la idolatraba, la exigencia de Nefertiti fue excesiva en un mundo regido por la adoración a figuras de animales y humanas.

El monoteísmo entonces significaba una contradicción provocativa, considerando que a los mismos faraones se les creía dioses, y como a tales se les rendía culto. Esto enaltece mas aún la figura de esta mujer.

Una de las hijas de Nefertiti se casó con el famoso Tutankamón. Se considera la posibilidad de que Nefertiti actuara como regente durante la primera época del reinado de Tutankamón, que por entonces tenía solo nueve años. Durante su estancia en el trono, el nuevo faraón recuperó las viejas tradiciones en la religión y el arte, devolviendo a Menfis y Tebas las respectivas capitalías en lo político y religioso.

Nefertiti murió durante una epidemia de Tracoma -aunque no existen pruebas que defiendan esa tesis-, sola en su palacio, obstinada en seguir el culto a Atón, en un mundo donde el pensamiento politeísta dominaba todas las regiones conocidas. La momia de la reina no ha sido hallada hasta el momento.


El secreto de la nodriza de Tutankamon

El secreto de la nodriza

Se llamaba Maya y vivió en Egipto hace más de 3.000 años, en la misma época que Tutankamón. Pero les une más, mucho más que el tiempo en que vivieron. La inscripción que el arqueólogo francés Alain Zivie descubrió en su tumba hace apenas tres meses lo confirma: “Real nodriza que alimentó el cuerpo de dios”. Ese dios no era otro que el joven faraón Tutankamón.

El hallazgo de la tumba no es una casualidad, se debe al tesón de Alain Zivie, director de Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, que ha dedicado 17 años a excavar centímetro a centímetro la necrópolis de Saqqara, donde ya descubrió en 1987 el enterramiento de Aper-el, gobernador de la provincia del norte y visir durante el reinado de los faraones Akenatón y su hijo Tutankamón. La tumba de este visir fue la primera pista de que en el lugar podían hallarse otras de la dinastía XVIII, que gobernó las tierras del Nilo entre 1550 y 1307 a.C.

El complejo funerario de Saqqara se extiende a lo largo de siete kilómetros sobre la orilla occidental del Nilo y fue la principal necrópolis de Memphis cuando ésta era la gloriosa capital del Primer Periodo Dinástico (2920-2557 a.C). Allí se halla la primera de las pirámides, la que ordenó construir el faraón Zoser, cerca de la cual fue desenterrada la tumba de Aper-el. A pesar de la pérdida de importancia de Memphis a favor de Tebas, en cuyo complejo funerario se descubrió el sepulcro de Tutankamón, siguió siendo la residencia de los gobernadores del Bajo Egipto y en su necrópolis, Saqqara, continuaron excavando sus nichos funerarios.

La corazonada de Alain Zivie le llevó hasta el Bubasteion, el cementerio de los gatos, presidido por la diosa gata Bastet. Fue allí, en el lugar más inesperado para hallar una tumba humana, rodeada de inmensos templos funerarios dedicados a los animales sagrados egipcios, donde, a más de 20 metros de profundidad el arqueólogo francés limpió de arena con sus propias manos el epitafio que presidía la primera de las tres cámaras de la tumba. Junto a la imagen tallada sobre piedra caliza de la joven Maya dando de mamar a un niño sentado en su regazo, se leía: “Real nodriza que alimentó el cuerpo de dios”.

“No hay duda de que se trata del faraón Tutankamón” dice Zivie, “las inscripciones jeroglíficas dentro de los cartuchos llevan las palabras Tutankamón y Nebkheprure”, nombre que adoptó el niño rey cuando fue coronado en 1333 a.C., con sólo nueve años de edad.

El hallazgo. Un año de trabajo y un equipo de 15 personas han sido necesarios para poder acceder hasta las primeras cámaras de la tumba de Maya, la nodriza del joven faraón Tutankamón.

La tumba es la única en la que aparece el rostro de Tutankamón lejos del complejo funerario de Tebas. Y la única consagrada por entero a una mujer que no pertenece a la realeza. “Es muy extraño que los antiguos egipcios dedicaran una tumba a una mujer que no era esposa o madre de un rey”, explica Zivie. Un hecho que abre los interrogantes sobre la madre real del joven faraón.

El faraón Akenatón tenía seis hijas pero necesitaba un hijo varón que le sucediera y continuara su revolución religiosa. Un hijo que, según algunas fuentes, fue el fruto del enlace con la esclava Kiya, elegida previamente por su esposa Nefertiti, de entre las más bellas concubinas de la corte. Kiya murió tras el alumbramiento de Tutankamón.

La muerte de su padre, anticipó la ascensión al trono de Tutankamón. Rodeado de sacerdotes, consejeros y altos oficiales, reorganizó el reino, restauró la religión politeísta y devolvió la capital a Tebas, siempre bajo la mirada atenta del sacerdote Ay y el general Horemheb.

La educación de Tutankamón, estuvo a caballo entre Tell Amarna, Tebas y Memphis, en cuya necrópolis “la nodriza Maya fue enterrada como personaje importante y cercano a Tutankamón”, explica el arqueólogo francés.

El equipo de Zivie, formado por 15 arqueólogos franceses, mexicanos, portugueses y brasileños ha descubierto hasta el momento tres estancias en el primer nivel de la tumba. La primera, situada a la entrada, cuenta con los relieves de Maya dando de mamar al niño dios. En la segunda, están representados los personajes claves en la vida de Tutankamón: Ay, quien le sucedería en el trono, el general Horemheb, último rey de la XVIII dinastía y Ramsés I (fundador de la XIX dinastía), junto a Maya, la ama de cría. En la tercera de las cámaras no se han iniciado las excavaciones por temor a que el techo pueda derrumbarse.

Alain Zivie espera encontrar la cámara funeraria con el sarcófago y la momia cuando reanuden las excavaciones en el próximo mes de mayo. Y, con los nuevos datos, desvelar el misterio de la vida y muerte en “extrañas circunstancias” del joven rey, además de la verdadera identidad de Maya, quien pudiera ser algo más que su nodriza.

Las crecidas anuales del Nilo, la erosión y la destrucción de edificios para utilizar sus piedras en la construcción de otros nuevos han sepultado las huellas de ciudades enteras, templos y monumentos egipcios, griegos y romanos. En la actualidad, 125 misiones arqueológicas internacionales rastrean el pasado en otros tantos yacimientos en Egipto.

El escarabajo sagrado, símbolo de protección

 

Al observar el escarabajo pelotero, ateuchus sacer, quien empujaba y hacía rodar una bola pequeña de estiércol dentro de una grieta apropiada, donde las hembras amasaban los fragmentos que se convertían en reservas alimenticias y en donde eran incubados sus huevecillos bajo su protección y calor. Los egipcios creyeron ver el renacer de la vida, en se acto de empujar cada día, simbolizado por la pelota de estiércol, al sol de levante. El escarabajo fue divinizado debido a que el sol, relacionado con él, era la más importante de las deidades egipcias;  los sacerdotes se identificaron con aquello que representaba el escarabeo, pensando en convertirse a sí mismo en símbolos de vida y regeneración.

El escarabajo está vinculado con el dios Jepri, simboliza el que llega a ser o aquel que renace por si mismo, de la raíz egipcia Jeper que significa nacer o existir, o sea que simboliza la transformación constante de la existencia.

Con el paso del tiempo se convirtió en amuleto de vida y poder. El que lo portaba en vida tenía la protección contra el mal, visible o invisible y recibía vida, poder y fuerza diariamente, y el que lo portaba en la muerte, es decir de acuerdo a los ritos funerarios, tenía la posibilidad de resucitar y obtener la vida eterna. Así mismo se empezó a emplear el escarabeo-corazón como un amuleto que se colocaba en la momia, el cual era el que evitaba que durante la ceremonia del pesaje del corazón éste declarara contra su dueño. En la parte de abajo llevaban grabada una fórmula místico-religiosa tomada del libro de los muertos. Un ejemplo de este tipo de texto dice:


Fórmula para que el corazón

de un hombre

No declare en contra suya en

el juicio de Osiris.

Corazón mío, que procedes

de mi madre,

¡Lo más íntimo de mi ser!

¡que tu testimonio no me sea

adverso

y no te enfrentes conmigo en

el tribunal divino

que nuestro nombre sea bello

suene bien a quien lo oiga

y que agrade al juez!

no profieras mentira alguna

contra mi

en presencia de los dioses

¡Ante Osiris, el dios

magnífico y dueño de

occidente!

¡Serás ensalzado si ante él

sales airoso de la terrible

prueba!

En esta forma los egipcios pensaban que el escarabeo cubierto de oraciones rituales protegería a sus muertos en el juicio de Osiris, en el cual ponían en una balanza, de un lado el corazón del difunto y en el otro una pluma, misma que portaba en la cabeza la diosa Maat, quien es la diosa de la verdad y la justicia, ambos lados debían estar equilibrados para que el juicio favoreciera al difunto. Existen escarabeos que llevan la siguiente inscripción ¡Oh, mi corazón, no te yergas sobre mi como testigo!

En los cuerpos momificados de loa animales sagrados se ha encontrado también el amuleto que representa al escarabeos-corazón.

Existen escarabeos tallados en múltiples materiales: los hay en esteatita, en piedra de basalto, en granito etc. Dentro de la joyería los encontramos en piedras preciosas y semipreciosas como la cornalina, la amatista, el lapislázuli, o elaborados en oro.

El escarabeo lo podemos ver también esculpido o pintado en distintos lugares, como pueden ser los relieves de las tumbas, un ejemplo de esto lo sería el que se encuentra a la entrada de la pared de la tumba de Sethy I, en el valle de los reyes. Se puede también encontrar la representación de estos escarabeos en obeliscos, contenidos en los nombres reales, en estelas, en las paredes de los grandes templos, en papiros y en todo lo que lleve escritura jeroglífica.

La representación del escarabajo como dios la encontramos en el dios Jepri, el cual es representado como un hombre sentado en un trono con la cabeza de escarabajo pelotero, un ejemplo lo encontramos en la tumba de la reina Nefertary, esposa de Ramsés II de la dinastía XIX, esta tumba se encuentra en el lado occidental de Tebas, en el valle de las reinas.

En la orfebrería se encuentra en gran abundancia, se han descubierto exquisitas obras maestras realizadas como joyas, en la que está representado el escarabajo, un ejemplo sería la magnífica pulsera encontrada en al tumba de Tut-Anj-Amón, que lleva un inmenso escarabeo en color azul oscuro .

Thutmosis III, faraón de la dinastía XVIII, el gran guerrero que conquistó en 17 campañas casi todo el mundo conocido en aquella época, para el imperio egipcio, fue el faraón que le dio al escarabeos sagrado el uso de sello real, se cree que este faraón fue el fundador de lo que hoy se conoce como la antigua y mística orden Rosacruz.

Durante su reinado, el escarabeos es representado en una forma más realista, las patas ya no están pegadas al cuerpo y parece que estuviera apoyado en ellas.

En esta época se inició la costumbre de escribir sobre los escarabeos el nombre del faraón, el más mencionado en los sellos escarabeiformes fue Thutmosis III, quien fue uno de los más insignes faraones de la dinastía XVIII y quien tenía por costumbre firmar la mayoría de los decretos reales con su propio monograma real, por tanto cada vez que ocurría un suceso de importancia nacional, Thutmosis lo inscribía en un sello de estos y ponía en él su nombre.

El obelisco que se encuentra en el parque central de la ciudad de Nueva York, en el que se encuentra el nombre del faraón que contiene un escarabeos, es uno de los dos erigidos en el templo de Karnak por Thutmosis III. La gran logia Rosacruz de los Estados Unidos de Norteamérica, posee por donación un escarabeos sello original con el nombre de coronación de Thutmosis III, Men-Jeper-Ra; el cual se cree que fue utilizado hace varios siglos para estampar el sello de la fundación  de esta escuela filosófica. En la época de Amen-Hotep III, faraón de la dinastía XVIII, quien era muy afecto a la cacería deportiva y que la convirtió en el deporte real por excelencia, realizaron numerosos escarabeos para conmemorar dichas cacerías que le daban respetabilidad y admiración entre su pueblo. Un ejemplo de ellos es el que nos narra la cacería de los toros salvajes en Uadi-Keneh, llevada a cabo por su majestad en su carro tirado por caballos, seguido por funcionarios y por todo el ejército, incluso los reclutas.

Pero el acoso de los toros salvajes el rey ordenó que los rodearan con cercas y fosas, reuniendo un total de ciento setenta toros, y se narra que en la primera jornada el faraón mató en la cacería a cincuenta y seis toros salvajes, el rey estuvo cazando durante cuatro días sin dar reposo a sus corceles, luego reapareció en su carro y capturó a otros cuarenta toros y así al final de la cacería el había cobrado noventa y seis toros salvajes. Un dato interesante es que en éste y en casi todos sus escarabeos menciona como su reina a Teye.

Al primer año de su reinado se remonta el primer escarabeos sagrado con el nombre de su reina. Amen-Hotep III inicia el escarabeos con su nombre y títulos como sigue: Año 1 bajo la majestad “viva Horus potente toro, radiante en la verdad señor de ambos países que crea a las leyes y satisface a los dos países, el Horus dorado grande por su fuerza que derrota a los asiáticos, el rey de los egipcios Alto y Bajo Neb-Maat-Ra, Hijo de Ra tenga larga vida Amen-Hotep, soberano de Tebas y viva su gran esposa  real Tiy, el nombre de su padre es Yuya y el de su madre es Tuya, ella es la esposa del rey poderoso cuyo imperio alcanza por el sur hasta Karoy (Sudán) y por el norte hasta Naharina (Siria septentrional).

El gran respeto y amor que este faraón sentía por la reina Tiy lo podemos ver en otro escarabeos fechado en el año XI, del mes III de Ajat, el primer día, bajo su majestad…., el cual fue realizado para conmemorar la construcción de un lago para su reina Tiy, el cual termina diciendo “Que muchos años viva en su propiedad”.

Quizá en esta reina estuvo la semilla de lo que sería la época amarniense con su hijo el faraón Amen-Hotep IV (Aj-en-Aton) y su esposa Nefertiti, ambas probablemente de origen Mitani (el país que toca el cielo).

Aunque esta civilización antigua ha desaparecido, al ver o tocar el escarabeos sagrado renace en nosotros en sentimiento de respeto a esta cultura milenaria el deseo de adentrarnos al estudio de lo que fue esa maravillosa civilización.

Un museo arqueologico bajo el agua

Arqto. Jacques Rougerie

 

La ciudad de Alejandría (Norte de Egipto), sobre el año 303 a.C., ha sufrido los fenómenos de la licuefacción (corrimiento provocado por la inestabilidad de un talud). Esto ha hecho que todos los palacios y monumentos se derrumbaran bajo la tierra. Esto, junto a los tsunamis y maremotos que han sucedido luego, hicieron que el perfil entero de las costas cambiara y una parte de Alejandría se encuentre bajo el agua, en donde hace años que vienen descubriendo restos de esta antigua ciudad.

Jacques Rougerie, un reconocido arquitecto, ha estado planeando un museo arqueológico bajo el agua, desde el que se podrían observar todos los restos y tesoros que todavía quedan en el mar con una superficie de unos 22,000 metros cuadrados. El arquitecto ha estimado que pudiera tener unos 3 millones de turistas y/o visitantes al año. El lugar que propuso Rougerie, se halla cerca a la Biblioteca de Alejandría, en donde se piensa que transcurrieron sus últimos momentos Marco Antonio y Cleopatra.
museo bajo el agua, alejandria, turismo en egipto

Con la construcción de este fabuloso museo, se podrían mostrar monumentos del Palacio de Cleopatra y los tesoros de éste, el que se ubicaba en una isla, que ha desaparecido bajo las aguas de la bahía, posterior a todos los desastres naturales, puesto que miles de restos arqueológicos se descubrieron, tales como estatuas, esfinges egipcias y restos de naufragios que pertenecen a romanos y griegos.

El museo podría acoger piezas, que tiempo atrás fueron del Faro de Alejandría, que se considera como uno de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, debido a que su riqueza de tesoros es portentosa en esta área en concreto y se cree que pudo ser el sitio de localización del faro, aparte de cientos de objetos ya localizados y teniendo presente que la antigua ciudad de Alejandría se vino bajo las aguas.
museo bajo el agua en egipto

Rougerie ha propuesto un museo marino y terrestre, para que cree al turista una experiencia única, para que también pueda admirar el conjunto de tesoros que están en el agua, desde una edificación rodeada de cuatro grandes estructuras similares a las felucas o embarcaciones antiguas que navegaban por el largo río egipcio, el Nilo; estas naves fabricadas de vidrio se quedarían iluminadas por unas luces azules dispuestas en varias perspectivas, comunicándose con el museo terrestre, más largo y erigido en fibra de vidrio.

El solo problema con que hoy cuentan resultaría las aguas, un poco fangosas, podrían apagar la vista de los monumentos y de que sería difícil la limpieza de las mismas, habría que reemplazarlas por una laguna artificial; con respecto a la estructura, no acaba siendo un problema mayor, dado que las aguas sólo tienen una profundidad de 6 metros y no hará una fuerte presión en los muros.
esculturas submarinas de alejandria, turismo en egipto

La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) estaría conforme con el proyecto, ya que considera que las piezas, deben de continuar donde se encuentran, para el respeto al contexto histórico y la preservación del Patrimonio Submarino y porque el agua seguiría conservando las piezas. El museo daría un nuevo giro tanto al paisaje como al turismo arqueológico en Egipto, por lo que serían varios los turistas que llegarían a realizar una estancia en Alejandría, un sueño submarino sin comparación.

El ADN de Tutankamon

El ADN de Tutankamón (DNI) Una producción de Discovery Channel que por primera vez en la historia revelará el mapa genético de este joven monarca, identificando a su familia e investigando minuciosamente su breve vida

Zahi Hawass, autoridad mundial en Egiptología, encabeza una investigación forense sin precedente sobre la vida del rey Tutankamón, misma que revela por primera vez la identidad de sus padres y abuelos, así como las verdaderas causas de su muerte y nuevos detalles sobre su reinado. Todo esto en EL ADN DE TUTANKAMÓN, un programa especial en dos partes que se estrenará por Discovery Channel en América Latina el domingo 28 de febrero y el lunes 1 de marzo, a las 21:00 (hora de Bogotá, Brasília, Buenos Aires y Ciudad de México); 21:30 (hora de Caracas) y 23:00 (hora de Santiago de Chile).

Un artículo publicado hoy en la Revista de la Asociación Médica Estadunidense (The Journal of the American Medical Association – JAMA) detalla los pormenores médicos y arqueológicos de esta exhaustiva investigación llevada a cabo por un equipo internacional de expertos multidisciplinarios. Así, la primera parte de EL ADN DE TUTANKAMÓN documenta el delicado proceso de extracción de ADN de la momia del rey Tutankamón, mismo que generó una muy completa serie de estudios comparativos con el fin de determinar quienes formaban parte de la familia del monarca adolescente. La segunda parte recoge hallazgos nunca antes examinados, procedentes de la misma momia, para arrojar datos concluyentes sobre las causas del fallecimiento del joven rey egipcio. Toda esta información arroja nueva luz sobre el reinado de este mítico líder religioso, militar y político.

Angela Recio Sondon, vice-presidente de Discovery Channel para América Latina, afirmó que “Discovery tiene nuevamente el gran honor de trabajar con el Dr. Zahi Hawass. La vida y muerte de Tutankamón todavía posee un especial misterio para las personas de todo el mundo, y el visionario liderazgo del Dr. Hawass ha conseguido fusionar la arqueología tradicional y metódica con las técnicas forenses más avanzadas e innovadoras. Este estudio abre un nuevo capítulo en la Egiptología, y establece con firmeza a El Cairo como un centro académico de vanguardia en la materia”.

El camino para desentrañar el árbol genealógico del rey Tutankamón inició con el establecimiento de la identidad de sus progenitores. Así, basándose en registros históricos y descubrimientos previos, el Dr. Hawass concluyó que el padre del joven soberano podría encontrarse entre tres faraones anteriores: el victorioso y popular Amenhotep III, segundo rey de la 18ª Dinastía; el radical y controversial Akenatón, quien condujo a Egipto al monoteísmo, o el poco conocido Smenkhare, quien reinó inmediatamente antes de Tutankamón. Para resolver de una vez por todas este enigma, el equipo de investigadores realizó pruebas del ADN de éste último, comparándolo con el de las momias de los tres candidatos.

Cuando Howard Carter descubrió las riquezas contenidas en la tumba de Tutankamón en 1922, nadie podría haber predicho que casi un siglo más tarde, esa misma cámara sería el campo de estudio de la vanguardia en Egiptología. De esta manera, EL ADN DE TUTANKAMÓN muestra detalladamente una serie de apasionantes procesos; entre ellos, el momento en que los investigadores literalmente contienen el aliento y consiguen extraer con éxito —y por primera vez— una muestra de ADN de la momia del faraón adolescente.

Con toda una serie de sujetos de estudio por examinar, el equipo de expertos del laboratorio genético de Discovery Channel en el Museo Nacional de El Cairo debió enfrentar reto tras reto para conseguir unir las piezas de este rompecabezas forense. A fin de examinar las milenarias muestras de ADN, el Dr. Carsten M. Pusch, del Instituto de Antropología y Genética Humana de la Universidad de Tubinga, Alemania, y el Profesor Albert Zink, jefe del Instituto de las Momias y el Hombre de las Nieves del EURAC en Bolzano, Italia, unieron sus esfuerzos junto al Dr. Yehia Zakaria Gad, del Departamento de Genética Molecular del Centro Nacional de Investigación de El Cairo para efectuar por primera vez en la historia un trazado de huellas de ADN basado en microsatélite en varias momias egipcias pertenecientes al mismo grupo familiar.

Los científicos consiguen resultados exitosos en el laboratorio, pero eso representa sólo el inicio de la nueva odisea de esta antiquísima familia egipcia. Una vez que la secuencia del ADN permitió establecer la identidad del padre del rey Tutankamón, el Dr. Hawass pudo seguir una serie de indicios que lo condujeron hacia su madre y abuelos. Así, EL ADN DE TUTANKAMÓN es un prodigio de ciencia, historia, orgullo nacional y celo profesional. Desde los inmaculados interiores y el trabajo altamente preciso de los laboratorios genéticos hasta las traicioneras excavaciones en pleno desierto, el Dr. Hawass emprende un intenso y profundamente personal viaje en busca de la verdad.

La maldición de Tutankamon. ¿Mito o Realidad?

La ciencia se debate entre el mito y la realidad cuando trata de explicar uno de los mayores hallazgos históricos del siglo XX. La apertura de la fastuosa cámara mortuoria del faraón niño, cuya reproducción se puede visitar hasta el 17 de octubre en Madrid,  ha dejado una estela de muertes accidentales que han alimentado aún más su leyenda

Una  muerte en extrañas circunstancias y una desafortunada cadena de coincidencias son el origen de la más inquietante de las leyendas sobre Egipto que se conocen. Imagínese. El Cairo, 4 de noviembre de 1922. Un explorador llamado Howard Carter revisa sus notas mientras asume el poco tiempo que le queda para obtener el único éxito que justificaría cinco caros años de excavaciones en el Valle de los Reyes.
Fue entonces cuando los gritos de uno de sus ayudantes le sacaron del letargo. A pocos metros de su estudio improvisado en mitad del desierto apareció un escalón antes sepultado bajo la arena. Éste fue el primer peldaño hacia lo que sería uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de la historia del siglo XX: la tumba del faraón niño Tutankamón.
«Encontraron en un lugar que se creía totalmente rastreado una tumba real prácticamente intacta y una cámara funeraria tal y como la habían dejado los sirvientes del faraón 3.300 años antes. Fue un hallazgo maravilloso que nadie se podía imaginar», relata el presidente de la Asociación Española de Egiptología, Rafael Agustí. Se trataba de un tesoro compuesto por más de 5.000 piezas, entre extravagantes camas con forma de animal, diademas adornadas con los símbolos reales,  pequeños tronos para un semidiós de tan sólo ocho años o carros ceremoniales con relieves que narraban las hazañas de su dueño. Y sobre todos estos objetos preciosos, un sarcófago hecho con 140 kilos de oro macizo y una máscara funeraria considerada después como una de las obras de arte más bellas de todos los tiempos.
La noticia corre como la pólvora. «Realizado al fin maravilloso descubrimiento en el Valle. Magnífica tumba con los sellos intactos. Esperamos su llegada. Enhorabuena». Éste es el telegrama que envía el descubridor a su mecenas George Edward Herbert, quinto conde de Carnarvon, que viaja poco después a Egipto para ver con sus propios ojos el hallazgo.
Sin embargo, un acontecimiento fortuito oscurece el ánimo de algunos de los obreros que trabajaban en la excavación.  Días antes de romper el sello de la entrada a las cámaras mortuorias, el canario que hacía compañía al solitario Howard Carter es devorado por una cobra, el animal que simboliza el poder ultraterreno del faraón «Tut». Una vez que Lord Carnarvon llega a El Cairo, este mal presagio no impide que se abra la tumba. El acontecimiento es anunciado para todo el mundo por el periódico británico «Times», al que el aristócrata había vendido la exclusiva de la noticia para reponer sus arcas, maltrechas tras largas campañas de excavaciones sin recompensa. «Realmente no hay nada de cierto en lo que se popularizó como la maldición de Tutankamón», según cuenta la arqueóloga Esther Pons, comisaria de la exposición «Tutankamón. La tumba y sus tesoros», que se puede visitar hasta el 17 de octubre en Madrid.
No obstante, esta experta reconoce que,  tras la apertura de la tumba, acaecieron  hechos «que no tienen una explicación clara». A Lord Carnarvon le picó un mosquito le provocó erisipela, una herida que se infectó al cortarse con una navaja de afeitar y que derivó en una grave infección sanguínea. Una extraña neumonía complicó la situación y aceleró el proceso que acabaría con su vida el 5 de abril de 1923, apenas cinco meses después de haberse interrumpido el descanso del faraón.

HONGOS PELIGROSOS
El responsable de una enfermedad respiratoria de este calibre podría ser un pequeño hongo denominado «aspergillus nigger», asiduo huésped de lugares cerrados y con humedad, como las tumbas de los faraones. Según explica el doctor Manuel Cuenca, experto micólogo de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología (SEIMC): «Hay cientos de especies que pueden vivir en ambientes con determinadas condiciones de humedad, luz y temperatura y proliferar en ellos».
Los «aspergillus son los candidatos perfectos para provocar infecciones oportunistas que, en personas inmunodeprimidas, pueden causar sinusitis, otitis e, incluso, neumonía», explica Cuenca. En casos como el de Carnarvon, con un frágil estado de salud tras varios accidentes automovilísticos en Inglaterra, estos hongos podrían haber sido el desencadenante de su muerte, el acontecimiento que dio el pistoletazo de salida a la vorágine en la que periódicos de todo el mundo abrían casi a diario sus ediciones hablando sobre la maldición de Tutankamón.

MUERTES ¿INEXPLICABLES?
Personajes como el afamado escritor Sir Arthur Conan Doyle, creador de la saga de Sherlock Holmes, fue uno de los primeros en declararse creyente de la maldición y en  dar popularidad al mito. En los salones de té y clubes de caballeros no se hablaba de otra cosa. Algunos decían que las luces de El Cairo se apagaron misteriosamente minutos después de la muerte de Lord Carnarvon, como una muestra de la ira divina. Otros comentaban que, en ese mismo instante, la perra del aristócrata cayó fulminada sin motivo aparente en el castillo inglés de Highclere. Meses después, las muertes de varios ayudantes de Carter siguieron alimentando el miedo entre las mentes más impresionables.
«También murieron varios obreros mientras se estaba excavando», recuerda Esther Pons. Los apuntes de Carter sobre el descubrimiento describían la presencia de materiales orgánicos y moho en las paredes. Según explica la arqueóloga, «un habitáculo de este tipo nunca está totalmente cerrado. De hecho, muchas veces entran murciélagos y hacen sus necesidades allí. El polvo que se origina sobre ellas sí que puede dañar los pulmones; esto podría ser lo que acabó con los trabajadores y no una maldición».
A lo que se refiere Pons es al hongo «histoplasma». El doctor Cuenca precisa que este microorganismo, poco frecuente en regiones áridas como Egipto, «puede generar infecciones en personas sanas. Digamos que de cada cien personas que inhalan el “histoplasma”, un cinco por ciento desarrolla una infección grave que puede poner en peligro su vida; el otro 95 por ciento presenta una infección muy leve, parecida a un catarro, aunque puede presentar complicaciones crónicas en el futuro».
Además de estos microscópicos asesinos a sueldo del faraón, los historiadores también hablan de una misteriosa tablilla a las puertas de la tumba en la que Tutankamón avisaba a los profanadores de las consecuencias de su sacrilegio. «Hay una tablilla de arcilla de la que todo el mundo habla y que aparece mencionada por varios autores», reconoce el presidente de los egiptólogos españoles. Sin embargo, dice que nadie la ha visto, nunca estuvo catalogada y que no existe ningún documento gráfico que dé fe de su existencia. «La muerte golpeará con sus alas a aquel que perturbe el descanso del faraón», rezaba la supuesta tablilla. «Los egipcios –explica Agustí– conocían el arte de maldecir, la magia simpática. Incluso se sabe que las personajes influyentes de la época escribían el nombre de sus enemigos en una tabla de arcilla o sobre fragmentos de piedra caliza para después romperlas y condenar a la mala suerte a sus adversarios. Pero no empleaban estos métodos para asegurar las tumbas porque sabían que no servía para  nada; el pueblo pasaba hambre y en cualquier caso los ladrones, a la hora de decidir si entrar o no en una tumba, temían más a los castigos físicos de los vigilantes que a una posible maldición procedente del más allá».
Mito o realidad, lo cierto es que la maldición de Tutankamón parece ser el resultado de varias coincidencias, algunas medias verdades y muchas grandes mentiras. El eco de la leyenda llega intacto a nuestros días. De eso se han encargado películas como «La Momia» o «La maldición del Rey Tut» , en cuyo rodaje se sucedieron acontecimientos inexplicables que fueron relacionados con el misterio.
También han seguido echando leña al fuego otros sucesos oscuros, como la muerte accidental de uno de los directores egipcios de antigüedades que autorizó la salida de los tesoros de «Tut» a una exposición en París o los seis infartos que sufrió uno de los ingenieros del vuelo que sacó los efectos reales de El Cairo y osó burlarse de las habladurías sobre el joven mandatario.
Así fue como el último faraón de la décimosexta dinastía, nacido bajo la sombra de predecesores de la talla de Ramsés II o de su propio padre, Akenatón, se convirtió en el rey de Egipto más famoso y temido de todos los tiempos. La maldición ha supuesto para él una protección envidiable, que para sí hubieran querido los grandes gobernantes del país del Nilo.
Ni victorias, ni pirámides colosales o decisiones revolucionarias lograron para sus artífices lo que un mosquito, el azar y una guerra de titulares consiguieron para Tutankamón: la vida eterna.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.