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Archivo de la categoría: ♪ Literatura

Hans Christian Andersen

Biografía

Hans Christian Andersen nació en Odense, Dinamarca, el 2 de abril de 1805. Su familia era pobre y humilde. Con 14 años parte solo, casi sin medios, a Copenhague con la idea de probar suerte en el Teatro, su gran pasión junto a los libros y las historietas.

Tras tres largos años de penuria tuvo la suerte de que se cruzara en su camino el canciller Jonas Collin, el cual dándose cuenta de su talento le envía a una escuela de Slagelse para que reciba una instrucción formal.

Según palabras del propio Andersen, los años pasados en esta escuela fueron los más sombríos de su vida. Es en esta época cuando escribe su primera obra; En 1827 imprime de forma anónima El niño moribundo. Desde entonces comienza a cosechar éxitos literarios; sus poemas se publican en algunos de los principales diarios de la época y presenta su primer trabajo en prosa – Caminata desde el canal de Holinen hasta la punta oriental de Amager- y su primera obra de teatro ý Amor en la torre de San Nicolás.

Entre 1833 y 1834 visita Francia e Italia. En 1835 publica el primer fascículo de los Cuentos de hadas, contados para los niños . Tan grande es la aceptación que tienen los cuentos que a esta primera colección siguen otras muchas, casi una por año, con obras tan conocidas como La sirenita, La pequeña vendedora de fósforos, Pulgarcita, El Patito Feo o La Reina de las Nieves.

Sin duda, sus cuentos, traducidos a más de 120 idiomas, han dado a Hans Christian Andersen una fama universal entre niños y adultos.

Le encantaba viajar y cuando visitaba un país nuevo solía escribir un relato del viaje. Durante 1862 y 1863 realiza un viaje a España, publicando con posterioridad el relato de su recorrido en: I Spanien ( En España ).

En 1867 es nombrado Hijo Predilecto y Ciudadano Honorario de su ciudad natal. Su sexta y última novela, Pedro el afortunado, la escribe en 1871. En 1872, publica la última entrega de sus cuentos de hadas.

Reconocido y admirado mundialmente murió el 4 de agosto de 1875. A su funeral, celebrado el 11 de Agosto acudió el Rey de Dinamarca.

Los cuentos de Andersen

Sus cuentos, dedicados a niños, resultan también atractivos para los adultos por el sentido moral y filosófico que se esconde tras cada historieta.

Algunos temas son recurrentes en los cuentos de Andersen:

Así, el tema de la muerte está presente en muchos de sus escritos. No la presenta como algo negativo sino como una continuación de la vida o una liberación. Aparece en La pequeña vendedora de fósforos (1845) , Bajo el sauce (1853) , o en Anne-Lisbeth (1859).

Con frecuencia, en las obras de Andersen, los personajes tenían que elegir entre la razón o el sentimiento. Este tema puede encontrarse en La Reina de las Nieves (1844) , No servía para nada (1853) o La Pequeña Ondine .

Varias veces ha recurrido también este escritor danés a presentarnos personajes incómodos con el mundo que les ha tocado vivir. El patito feo (1842), La Pequeña Ondine (1835) o La Dríade (1868) son buenos ejemplos de ello.

Los protagonistas de algunas de sus obras parecen haberse perfilado a imagen y semejanza de su creador. Andersen, que provenía de una familia sin recursos ni posibilidades y logró convertirse en un escritor de enorme éxito y reconocimiento, creó diferentes personajes que inicialmente no tenían ninguna posibilidad de éxito y a los que, con posterioridad, sonrió la suerte. En obras como Le briquet (1835) o Hans le balourd (1855) podemos verlo.

A Andersen también le gustaba contar la historia de una vida, humana, animal o vegetal. Era incluso capaz de dar vida, lenguaje y sentimiento a un objeto.

En sus escritos la mujer ocupa un lugar preponderante, no encontrando en ocasiones rastro de presencia masculina en todo el cuento. Con frecuencia los papeles protagonistas los ocupan personajes femeninos e incluso muchas veces, los animales son hembra.

En sus cuentos, Andersen es sensible a la belleza, sabiendo otorgársela de manera exquisita a los personajes y a las cosas que describe. La naturaleza y los paisajes son descritos de forma poética y precisa.

Es fácil encontrar en sus cuentos momentos en que objetos mágicos son capaces de cambiar la vida de los personajes a mejor (Le briquet) , pero también a peor (Los zuecos de la felicidad ; Las zapatillas rojas) .

Como danés que fue, Andersen, recurrió con frecuencia a personajes propios del folklore de su país: duendes, trolls, hadas, brujas, elfos, driandes están presentes en sus obras, aunque también son fuentes de inspiración para él las creencias y leyendas de los países nórdicos que visita.

El ave Fenix

En el jardín del Paraíso, bajo el árbol de la sabiduría, crecía un rosal. En su primera rosa nació un pájaro; su vuelo era como un rayo de luz, magníficos sus colores, arrobador su canto.

Pero cuando Eva cogió el fruto de la ciencia del bien y del mal, y cuando ella y Adán fueron arrojados del Paraíso, de la flamígera espada del ángel cayó una chispa en el nido del pájaro y le prendió fuego. El animalito murió abrasado, pero del rojo huevo salió volando otra ave, única y siempre la misma: el Ave Fénix. Cuenta la leyenda que anida en Arabia, y que cada cien años se da la muerte abrasándose en su propio nido; y que del rojo huevo sale una nueva ave Fénix, la única en el mundo.

El pájaro vuela en torno a nosotros, rauda como la luz, espléndida de colores, magnífica en su canto. Cuando la madre está sentada junto a la cuna del hijo, el ave se acerca a la almohada y, desplegando las alas, traza una aureola alrededor de la cabeza del niño. Vuela por el sobrio y humilde aposento, y hay resplandor de sol en él, y sobre la pobre cómoda exhalan, su perfume unas violetas.

Pero el Ave Fénix no es sólo el ave de Arabia; aletea también a los resplandores de la aurora boreal sobre las heladas llanuras de Laponia, y salta entre las flores amarillas durante el breve verano de Groenlandia. Bajo las rocas cupríferas de Falun, en las minas de carbón de Inglaterra, vuela como polilla espolvoreada sobre el devocionario en las manos del piadoso trabajador. En la hoja de loto se desliza por las aguas sagradas del Ganges , y los ojos de la doncella hindú se iluminan al verla.

¡Ave Fénix! ¿No la conoces? Te cantó la Marsellesa, y tú besaste la pluma que se desprendió de su ala; vino en todo el esplendor paradisíaco, y tú le volviste tal vez la espalda para contemplar el gorrión que tenía espuma dorada en las alas.

¡Ave Fénix! ¿No la conoces? ¿El ave del Paraíso, el cisne santo de la canción? Iba en el carro de Thespis en forma de cuervo parlanchín, agitando las alas pintadas de negro; el arpa del cantor de Islandia era pulsada por el rojo pico sonoro del cisne; posada sobre el hombro de Shakespeare, adoptaba la figura del cuervo de Odin y le susurraba al oído: ¡Inmortalidad! Cuando la fiesta de los cantores, revoloteaba en la sala del concurso de la Wartburg.

¡El Ave del Paraíso! Rejuvenecida cada siglo, nacida entre las llamas, entre las llamas muertas; tu imagen, enmarcada en oro, cuelga en las salas de los ricos; tú misma vuelas con frecuencia a la ventura, solitaria, hecha sólo leyenda: el Ave Fénix de Arabia.

En el jardín del Paraíso, cuando naciste en el seno de la primera rosa bajo el árbol de la sabiduría, Dios te besó y te dio tu nombre verdadero: ¡poesía!

Hans Christian Andersen

Ángeles y demonios

Angeles y demonios

Dan Brown

Título original: Angels & Demons
Editorial: Umbriel
Año publicación: 2004
Traducción por: Eduardo G. Murillo
Temas:
  • Literatura : Misterio y suspense

Angeles y demonios de Dan Brown:

En un laboratorio de máxima seguridad, aparece asesinado un científico con un extraño símbolo grabado a fuego en su pecho. Para el profesor Robert Langdon no hay duda: los Illuminati, los hombres enfrentados a la Iglesia desde los tiempos de Galileo, han regresado. Y esta vez disponen de la más mortífera arma que ha creado la humanidad, un artefacto con el que pueden ganar la batalla final contra su eterno enemigo. Acompañado de una joven científica y un audaz capitán de la Guardia Suiza, Langdon comienza una carrera contra reloj, en una búsqueda desesperada por los rincones más secretos de El Vaticano. Necesitará todo su conocimiento para descifrar las claves ocultas que los Illuminati han dejado a través de los siglos en manuscritos y templos, y todo su coraje para vencer al despiadado asesino que siempre parece llevarle la delantera.
Os lo recomiendo, a mi me encantó.

Suicidio por amor

Hoy, llorare como nunca
Estuve perdido en una palabra (amor)
No tengo una salida
Solo un oscuro recuerdo que desgarra

Me desplomo ante la verdad
¡Demonios me he dado cuenta q estoy muriendo!
Finjo que todo pasó, que he olvidado,
Me engaño para sentir mi pulso

Tengo miedo, nunca lo habia tenido
Necesito respirar, tu oxigeno escapa
Tu imagen se desvanece en el vació
Y grito tu nombre sin poder escucharlo

Estoy perdiendo la estabilidad
Me asfixio con mi llanto
Me dejo morir, es un suicidio
No puedo parar mis pensamientos
Todo se acelera sobre un centro

Perdí la calma
La serenidad se la trago la melancolía
Ya no quiero escuchar mis latidos
Deseo que todo se detenga
Te deseo fuera del alma

Es desesperante
Es la peor enfermedad
Es mi ángel de la soledad
El me ve delirando sin tocarme

¡Te quiero fuera!
Tu presencia se quemo
Pero tus cenizas se pegan a mis ojos

Perdón pero no puedo seguir
Ya estoy muerto
Solo quiero detener mi cuerpo

¡Ángel de mi soledad no me dejes! ! ! !

Tomo la daga de plata
Mientras perforo mi pecho
Abriendo mi corazón Dejando que salgas con mi alma
Separándolos hasta el final
La serenidad se la trago la melancolía
Ya no quiero escuchar mis latidos
Deseo que todo se detenga
Te deseo fuera del alma

Sonatina

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!

Sonatina- Ruben Dario

http://sogradargos.wikispaces.com/file/view/mermaid.jpg/46783457/mermaid.jpg

Hace muchos años, en las costas de Irlanda vivían las sirenas.Cantaban dulcemente bajo el agua y a veces se acercaban a la orilla. Y una de ellas se enamoró de un hermoso joven que vio en la verde costa. Todos los atardeceres, la enamorada sirena acudía a la orilla , a ofrecerle su amor ; pero él se marchaba sin escucharla y la dejaba llorar y suplicar todas la noche, hasta que sus lágrimas empapaban sus cabellos de oro. Al fin, el cielo, compadecido de tan sincero amor y de tanta constancia, la transformó en arpa, para que el joven la tomara en sus brazos. Sus graciosas formas marinas se arquearon, creando el marco del arpa ,y sus cabellos de oro, que goteaban lágrimas por cada uno de sus rizos, cayeron sobre sus brazos, formando las cuerdass. Y así nació el arpa. Sus canciones amorosas o tristes se mezclan, como en su vida se mezclaron el amor y el dolor.

Vicente García de Diego
Antología de leyendas universales,Labor

Perfectamente Imperfecta

Cabeza Rapada

Su cabeza rapada al cero aparecía oscura del sudor y el sol, como las piernas con sus largos pantalones de pana. No había cumplido los diez años; era un chico pequeño. Íbamos andando a través de aquel amplio paseo, mecidos por el rumor de los frondosos eucaliptos, envueltos en remolinos de polvo y hojas secas que lo invadían todo: los rincones de los bancos, las vías… Menudas y rojizas, pardas, como de castaño enano o abedul, llenaban todos los huecos por pequeños que fuesen, pegándose a nosotros como el alma al cuerpo.

Cruzaban sombras negras, luminosas, de los coches; los faros rojos atrás, acentuando su tono hasta el morado. Aunque no hacía frío nos arrimamos a una hoguera en que el guarda de las obras quemaba ramas de eucaliptus esparciendo al aire un agradable olor a monte abierto. Allí estuvimos un buen rato, llenando de él nuestros pulmones, hasta que el chico se puso a toser de nuevo.

-¿Te duele?- Le pregunté
Y contestó:
-Un poco- hablando como con gran trabajo.
-Podemos estar un poco más, sí quieres [...]
Se llevó la mano bajo la camisa. Era la piel blanca, sin rastro de vello, cortada como las manos de los que en invierno trababajan en el agua. Otra vez tenía miedo. Yo también, pero me esforzaba en tranquilizarle.

-No te apures; ya pasará como ayer.
-¿Y si no pasa?
-¿Te duele mucho?
El guarda nos miraba con recelo, pero no dijo nada cuando nos recostamos en el cajón de las herramientas. Freía sardinas en una sartén de juguete. A la luz anaranjada de la llama, el olor de la grasa se mezclaba al aroma de la madera que ardía.

-Ese chico no está bueno…
-¡ Qué va! No es más que frío…
El chico no decía palabra.Miraba el fuego pesadamente, casi dormido.
-No está bueno…

Ahora no tenía un gesto tan hosco. El chico escupió al fuego y guardó silencio.
-Va a coger una pulmonía, ahí sentado.

Me levanté y le cogí del brazo, medio dormido como estaba.

-Vamos-dije-; vámonos.

Le fui llevando, poco a poco, lejos del fuego y de la mirada del guarda.
Mientras andábamos, por animarle un poco, froté aquella cabeza monda y suave, con la mano,al tiempo que le decía :
-¡Que no es nada, hombre!

Pero él no se atrevía a creerlo, y por si era poco, vino de atrás la voz del otro:

-¡Le debía ver un médico!
-Ya lo vio ayer.

Esto pasó  con el médico: como no conocíamos a nadie, fuimos al hospital, y nos pusimos a la cola de la consulta, en una habitación alta y blanca, con un ventanillo de cristal mate en lo más alto y dos puertas en los extremos abriéndose constantemente. La gente aguardaba en bancos, a l0 largo de las paredes charlando; algunos en silencio , los ojos fijos, vagos, en la pared de enfrente, La enfermera abría una de las puertas, diciendo: <<Otro>>, y el que en aquel momento salía, saludaba: <<Buenos días, doctor>>.

Una mujer olvidó algo y entró de nuevo en la consulta. Salió aprisa, sin ver a nadie, sin saludar. Exclamaba algo que no entendimos bien. Todos miraron a las baldosas, como si cada cual no pudiera soportar la mirada de los otros , y un hombre joven, de cara macilenta, maldijo muchas veces en voz baja.

El médico auscultaba al chico y, al mismo tiempo,me miraba a mí. Nos dio un papel con unas señas para que fuéramos al día siguiente.

-¿Es hermano tuyo?
-No.

Al día siguiente no fuimos donde el papel decía.

Se inclinó un poco más.Debía de sufrir mucho con aquella punzada en el costado. Sudaba por la fiebre y toda su frente brillaba, brotaba de menudas gotas. Yo pensaba: <Esta muy mal. No tiene dinero.No se puede poner bien porque no tiene dinero.Está del pecho.Está listo. Si pidiera a la gente que pasa, no reuniría ni diez pesetas. Se tiene que morir.No conoce a nadie. Se va a morir porque de eso se muere todo el mundo.Aunque pasara el hombre más caritativo del mundo, se moriría>>.

 Jesús FERNÁNDEZ SANTOS.
Cuentos completos.

Perfectamente Imperfecta

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.”

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos!

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

¡Qué importa que mi amor no pudiera guardarla!
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Yo no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise..
Mi voz buscaba al viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pablo NERUDA
Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

 

Perfectamente  Imperfecta

 

-¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? ¿En dónde habitas? Yo vengo un día y otro en tu busca, y ni veo el corcel que te trae a estos lugares ni a los servidores que conducen tu litera. Rompe de una vez el misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda. Yo te amo, y, noble o villana, seré tuyo, tuyo siempre.

El sol había traspuesto la cumbre del monte; las sombras bajaban a grandes pasos por su falda; la brisa gemía entre los álamos de la fuente, y la niebla, elevándose poco a poco de la superficie del lago, comenzaba a envolver las rocas de su margen.

Sobre una de estas rocas, sobre la que parecía próxima a desplomarse en el fondo de las aguas, en cuya superficie se retrataba, temblando, el primogénito Almenar, de rodillas a los pies de su misteriosa amante, procuraba en vano arrancarle el secreto de su existencia.

Ella era hermosa, hermosa y pálida como una estatua de alabastro. Y uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro.

Cuando el joven acabó de hablarle, sus labios se removieron como para pronunciar algunas palabras; pero exhalaron un suspiro, un suspiro débil, doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa al morir entre los juncos.

-¡No me respondes! -exclamó Fernando al ver burlada su esperanza-. ¿Querrás que dé crédito a lo que de ti me han dicho? ¡Oh, no!… Háblame; yo quiero saber si me amas; yo quiero saber si puedo amarte, si eres una mujer…

-O un demonio… ¿Y si lo fuese?

El joven vaciló un instante; un sudor frío corrió por sus miembros; sus pupilas se dilataron al fijarse con más intensidad en las de aquella mujer, y fascinado por su brillo fosfórico, demente casi, exclamó en un arrebato de amor:

-Si lo fueses.:., te amaría…, te amaría como te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta más allá de esta vida, si hay algo más de ella.

-Fernando -dijo la hermosa entonces con una voz semejante a una música-, yo te amo más aún que tú me amas; yo, que desciendo hasta un mortal siendo un espíritu puro. No soy una mujer como las que existen en la Tierra; soy una mujer digna de ti, que eres superior a los demás hombres. Yo vivo en el fondo de estas aguas, incorpórea como ellas, fugaz y transparente: hablo con sus rumores y ondulo con sus pliegues. Yo no castigo al que osa turbar la fuente donde moro; antes lo premio con mi amor, como a un mortal superior a las supersticiones del vulgo, como a un amante capaz de comprender mi caso extraño y misterioso.

Mientras ella hablaba así, el joven absorto en la contemplación de su fantástica hermosura, atraído como por una fuerza desconocida, se aproximaba más y más al borde de la roca.

La mujer de los ojos verdes prosiguió así:

-¿Ves, ves el límpido fondo de este lago? ¿Ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?… Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales…, y yo…, yo te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado en tus horas de delirio y que no puede ofrecerte nadie… Ven; la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino…; las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles; el viento empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven…, ven.

La noche comenzaba a extender sus sombras; la luna rielaba en la superficie del lago; la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas… Ven, ven… Estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven… y la mujer misteriosa lo llamaba al borde del abismo donde estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso…, un beso…

Fernando dio un paso hacía ella…, otro…, y sintió unos brazos delgados y flexibles que se liaban a su cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve…, y vaciló…, y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.

Las aguas saltaron en chispas de luz y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata fueron ensanchándose, ensanchándose hasta expirar en las orillas.

Gustavo Adolfo BÉCQUER
Leyendas

Perfectamente Imperfecta 

Un mito de la noche

Teníamos la impresión de estar viviendo una pesadilla llamada Lucy.  
Los dientes puntiagudos, los labios voluptuosso,manchados de sangre…Todo ello era suficiente para producir escalofríos de terror, y su cuerpo sensual, visiblemente carente de alma, era como una burla diabólica de lo que fuera en vida el cuerpo de Lucy.

Metódicamente, según su costumbre, Van Helsing retiró de su cartera diversos instrumentos, dejándolos a mano. Primero sacó un soldador y un poco de soldadura; después, una lámpara de aceite que, una vez encendida, desprendió un gas azulado que daba mucho calor; luego, los instrumentos que debían servir para la operación, y finalmente una estaca de madera, cilíndrica, de unos diez centímetros de diámetro y un metro de longitud. Puso al fuego la punta de la estaca, y después la afiló agudamente. 
Por fin, sacó de la cartera un martillo de grandes dimensiones.

Por mi parte, ver cómo un médico prepara todos los detalles para proceder a una operación siempre me ha resultado satisfactorio, mas aquellos preparativos inspiraron a Arthur y a Quincey una verdadera consternación.No obstante, ambos trataban de conservar su valor, tranquilos y silenciosos.

-Antes de dar comienzo a mi labor- murmuró Van Helsing-, permítanme explicarles de qué se trata; de hecho, este conocimiento nos lo han transmitido la ciencia y las experiencias de los antiguos y de cuantos estudiaron los poderes de los no- muertos. Este estado de vida en muerte ese halla estrechamente ligado a la maldición de inmortalidad. Se niega la mierte a esos seres que deben, de siglo en siglo, causar nuevas víctimas y multiplicar los males en la Tierra; ya que todo aquel que muere después de haber sido la presa de un no- muerto se convierte en otro que, a su vez, también buscará sus víctimas correspondientes.

>> De manera que el círculo se agranda incesantemente, como los círculos provocados por un guijarro arrojado a un estanque. Arthur, amigo mío: de haber besado a Lucy un momento antes de su muerte, como era su deseo, o si anoche la hubiese recibido en sus brazos, a la hora de la muerte, usted se habría convertido en un nosferatu, como dicen en la Europa oriental, en un zombie , como se dice en las Antillas, y se habría dedicado a causar otros no-muertos, como los que ya nos causan pavor. En su calidad de no-muerta, la carrera de esta desdichada joven acaba de empezar. Los niños cuya sangre ha chupado no están aún en trance desesperado; mas , si continuase viviendo como no-muerta, dichos niños perderían cada vez más sangre, obedeciend al poder que ella ejerce sobre ellos, e irán en su busca; con su boca odiosa, esa no-muerta los dejará finalmente exangües. Por el contrario, si ella muere realmente, cesará todo el mal, las leves incisiones desaparecerán de la garganta de los niños, que volverán a sus juegos, olvidando esta aventura; más importante aun: cuando la verdadera muerte se apodere de esta no-muerta, el alma de nuestra querida Lucy  volverá a ser libre. En lugar de ejecutar durante la noche su obra malvada, sufriendo durante el día toda humillación, ocupará su lugar reservado entre los ángeles.>>

Van Helsing abrió el libro de rezos y empezó a leer; Quincey y yo contestábamos lo mejor posible. Arthur colocó la punta de la estaca sobre el corazón de Lucy, y observé que empezaba a hundirla ligeramente en la blanca carne. Después, golpeó con el martillo con toda su fuerza.

El cadáver, dentro del ataúd, tembló, se retorció en pavorosas convulsiones, y un chillido de rabia, que heló nuestros corazones, se escapó de su boca; los afilados dientes se clavaron en los labios, y se cubrieron de una espuma escarlata. Arthur no perdió el coraje. Semejante al dios Thor, su brazo se alzaba y se abatía con firmeza, hundiendo cada vez más la misericordiosa estaca, mientras saltaba la sangre, espaciéndose por doquier.
En su rostro se veía retratada la resolución, como si estuviese seguro de ejecutar un deber sagrado y ante aquello, nuestras voces también se elevaron con más firmeza y voluntad.

Poco a poco, el cuerpo cesó de temblar, las contorsiones disminuyeron, mas los dientes continuaron clavados en los labios, y los rasgos del rostro siguieron estremeciéndose. Finalmente, el cadáver quedó completamente inmóvil.La terrible tarea había terminado.

Bram STOKER
Drácula

Perfectamente Imperfecta

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