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Archivo de la categoría: ♪ Mitos y Leyendas

La llorona

‘La llorona’ es una mujer alta y estilizada cuyo atuendo es de color blanco,
aunque no es posible distinguir sus rasgos faciales. Los relatos populares, la
describen también como una mujer sin pies, en efecto, parece desplazarse por el
piso sin rozarlo.

El de ‘la llorona’ afirma que su eterno penar se debe a que busca
a un hijo recién nacido que asesinó arrojándolo al río para ocultar un pecado. Y
en esta línea, es parte de su penitencia, castigar a los muchachos que andan de
amores prohibidos: se sube a sus caballos y puede llegar a matarlos en un helado
abrazo mortal.

Se la llama ‘la llorona’ porque sus gemidos son tan insistentes que hasta
enloquece a los perros, mientras deambula por las noches (sobre todo cuando es
noche de plenilunio).

La mayoría de los relatos, la consideran señal de malos presagios, un
indicador de mal agüero: puede acercarse para enfermar a las personas, empeorar
a los enfermos o traer desgracias a los seres queridos.

En otros relatos, ‘la llorona’ se presenta como un ser inofensivo que
necesita consuelo y ayuda, despertando piedad en la gente que, cuando se acerca
a consolarla, les roba todas sus pertenencias.

Existe una pelicula con dicho titulo y dicha historia, no es muy buena pero si os gusta las peliculas de terror, os la recomiendo…

Hada Melusine

Melusine, era la hija de Elinus, rey de Escocia y del hada Pressina. Cuando crece, Melusine descubre que su padre la había visto nacer, contra los deseos de su madre. Entonces decide encerrarlo en una montaña. Su madre, el hada Pressina, le recrimina su atrevimiento y condena a su hija a convertirse en una serpiente de la cintura para abajo todos los sábados.

Un día, Melusine paseaba por el bosque Raymon de Potiers. Lusignan, la ve bañarse y se enamora de ella. Melusine se casa con él, pero le pone como condición que nunca la visite los días sábados. Los hermanos de Raymond lo convencen de que ella le es infiel: los sábados podría reunirse con un amante.

Así, creyéndose engañado, él la espía y ve su cola de serpiente. Entonces desaparece para siempre.

La serpiente y la luciernaga

 

Cuenta una leyenda que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Ésta huía rápido con miedo de la feroz predadora y la serpiente al mismo tiempo no desistía. Huyó un día y ella la seguía, dos días y la seguía… Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:- ¿Puedo hacerte tres preguntas?- No acostumbro dar este precedente a nadie pero como te voy a devorar, puedes preguntar, contestó la serpiente…!!- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia? – preguntó la luciérnaga- No – contestó la serpiente…!!!- ¿Yo te hice algún mal? – dijo la luciérnaga- No – volvió a responder la serpiente.- Entonces, ¿por qué quieres acabar conmigo?- ¡¡¡Porque no soporto verte brillar…!!!

 

 

Moraleja

Muchos de nosotros nos hemos visto envueltos en situaciones donde nos preguntamos: ¿Por qué me pasa esto si yo no he hecho nada malo, ni daño a nadie?Es sencillo es de responder… Porque no soportan verte brillar!!!Cuando esto pase, no dejes de brillar, continúa siendo tú mismo, continúa y sigue dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran, sigue brillando y no podrán tocarte… porque tu luz seguirá intacta. Tu esencia permanecerá, pase lo que pase….. Se siempre auténtico, aunque tu luz moleste a los depredadores!!

Orfeo y Euridice

Cuentan las leyendas que, en la época en que dioses y seres fabulosos poblaban la tierra, vivía en Grecia un joven llamado Orfeo, hijo de Apolo (y nieto de Zeus) y de Calíope, musa de la poesía épica y de la elocuencia, poseía el don de la música y de la poesía, solía entonar hermosísimos cantos acompañado por su lira. Su música era tan hermosa que, cuando sonaba, las fieras del bosque se acercaban a lamerle los pies y hasta las turbulentas aguas de los ríos se desviaban de su cauce para poder escuchar aquellos sones maravillosos. Un día en que Orfeo se encontraba en el corazón del bosque tañendo su lira, descubrió entre las ramas de un lejano arbusto a una joven ninfa que, medio oculta, escuchaba embelesada. Orfeo dejó a un lado su lira y se acercó a contemplar a aquel ser cuya hermosura y discreción no eran igualadas por ningún otro.

– Hermosa ninfa de los bosques –dijo Orfeo-, si mi música es de tu agrado, abandona tu escondite y acércate a escuchar lo que mi humilde lira tiene que decirte.

La joven ninfa, llamada Eurídice, dudó unos segundos, pero finalmente se acercó a Orfeo y se sentó junto a él. Entonces Orfeo compuso para ella la más bella canción de amor que se había oído nunca en aquellos bosques. Y pocos días después se celebraban en aquel mismo lugar las bodas entre Orfeo y Eurídice.

La felicidad y el amor llenaron los días de la joven pareja. Pero los hados, que todo lo truecan, vinieron a cruzarse en su camino. Y una mañana en que Eurídice paseaba por un verde prado, una serpiente vino a morder el delicado talón de la ninfa depositando en él la semilla de la muerte. Así fue como Eurídice murió apenas unos meses después de haber celebrado sus bodas.

Al enterarse de la muerte de su amada, Orfeo cayó presa de la desesperación. Lleno de dolor decidió descender a las profundidades infernales para suplicar que permitieran a Eurídice volver a la vida.

Aunque el camino a los infiernos era largo y estaba lleno de dificultades, Orfeo consiguió llegar hasta el borde de la laguna Estigia, cuyas aguas separan el reino de la luz del reino de las tinieblas. Allí entonó un canto tan triste y tan melodioso que conmovió al mismísimo Carón, el barquero encargado de transportar las almas de los difuntos hasta la otra orilla de la laguna.

Orfeo atravesó en la barca de Carón las aguas que ningún ser vivo puede cruzar. Y una vez en el reino de las tinieblas, se presentó ante Plutón, dios de las profundidades infernales y, acompañado de su lira, pronunció estas palabras:

– ¡Oh, señor de las tinieblas! Héme aquí, en vuestros dominios, para suplicaros que resucitéis a mi esposa Eurídice y me permitáis llevarla conmigo. Yo os prometo que cuando nuestra vida termine, volveremos para siempre a este lugar.

La música y las palabras de Orfeo eran tan conmovedoras que consiguieron paralizar las penas de los castigados a sufrir eternamente. Y lograron también ablandar el corazón de Plutón, quien, por un instante, sintió que sus ojos se le humedecían.

– Joven Orfeo –dijo Plutón-, hasta aquí habían llegado noticias de la excelencia de tu música; pero nunca hasta tu llegada se habían escuchado en este lugar sones tan turbadores como los que se desprenden de tu lira. Por eso, te concedo el don que solicitas, aunque con una condición.

– ¡Oh, poderoso Plutón! –exclamó Orfeo-. Haré cualquier cosa que me pidáis con tal de recuperar a mi amadísima esposa.

– Pues bien –continuó Plutón-, tu adorada Eurídice seguirá tus pasos hasta que hayáis abandonado el reino de las tinieblas. Sólo entonces podrás mirarla. Si intentas verla antes de atravesar la laguna Estigia, la perderás para siempre.

– Así se hará –aseguró el músico.

Y Orfeo inició el camino de vuelta hacia el mundo de la luz. Durante largo tiempo Orfeo caminó por sombríos senderos y oscuros caminos habitados por la penumbra. En sus oídos retumbaba el silencio. Ni el más leve ruido delataba la proximidad de su amada. Y en su cabeza resonaban las palabras de Plutón: “Si intentas verla antes de atravesar la laguna de Estigia, la perderás para siempre”.

Por fin, Orfeo divisó la laguna. Allí estaba Carón con su barca y, al otro lado, la vida y la felicidad en compañía de Eurídice. ¿O acaso Eurídice no estaba allí y sólo se trataba de un sueño?. Orfeo dudó por un momento y, lleno de impaciencia, giró la cabeza para comprobar si Eurídice le seguía. Y en ese mismo momento vio como su amada se convertía en una columna de humo que él trató inútilmente de apresar entre sus brazos mientras gritaba preso de la desesperación:

– Eurídice, Eurídice…

Orfeo lloró y suplicó perdón a los dioses por su falta de confianza, pero sólo el silencio respondió a sus súplicas. Y, según cuentan las leyendas, Orfeo, triste y lleno de dolor, se retiró a un monte donde pasó el resto de su vida sin más compañía que su lira y las fieras que se acercaban a escuchar los melancólicos cantos compuestos en recuerdo de su amada.


Perfectamente Imperfecta

Eros y Psique

La belleza de Psique inhibía a los hombres, y sus padres, preocupados porque su hija aún no había sido desposada, consultaron entonces al Oráculo de Apolo. Eros aprovechó para ingresar en éste y dar un falso mensaje: “A lo más alto la llevarás del monte, donde la desposará un ser ante el que tiembla el mismo Zeus”.

La novia fue engraciada con todo y pompas, y entrega a su incierto destino. En lo alto del monte, muerta de miedo, Psique observaba mientras el fúnebre cortejo nupcial se retiraba. Ella esperó ansiosa allí mucho tiempo, pero nadie se presentó. Empezó a declinar el día y Psique se sintió como transportada a través del aire y se desvaneció.

Cuando volvió en sí, se encontró en un palacio de ensueño, rodeado de un jardín maravilloso, pero nadie en él. Hasta que oyó un susurro aire que dijo: “Pide cuanto quieras y todos tus deseos serán satisfechos”. Psique pidió muchas cosas para probar a la desconocida voz: vestidos, joyas, instrumentos musicales, etc. Todo aparecía en seguida, pero aunque preguntara sobre la identidad de su protector, sólo conseguía la misma respuesta: “Tu esposo acudirá a verte cuando sea la hora”.

Entregada a la belleza del paisaje, la bella joven correteó por el jardín, admirada de todo, y, llegada la noche, cansada y esperanzada, entró en el palacio y pidió una luz. Pero esta vez no se le fue concedida. Tuvo que buscar la cama a tientas y acostarse en la oscuridad. Fue allí cuando el aire se convirtió en una voz suave: “Aquí está tu esposo, Psique. Ámame como yo te amo, por encima de todo, y no busques a nadie más. No puedo decirte mi nombre, ni puedes ver mi rostro. Pero, a pesar de todo, si me amas como yo a ti, seremos felices”. Y Psique se sintió maravillosamente amada en la oscuridad.

Esperó la primera luz del día para poder ver a su amante, pero poco antes del amanecer, cayó profundamente dormida, y al despertar con la luz del sol, se encontró sola otra vez en el palacio.

Así continuó muchas noches. Psique fue amada por el desconocido a quien no pudo ver el rostro, y durante los días, a la luz del sol, vagaba sola por el palacio y por los jardines. Todas las noches la joven pidió a su amado que se permitiera conocerlo, aunque sólo sea un instante, y todas las noches recibió la misma respuesta negativa. Hasta que una noche le pidió poder ver a su familia, a la cual echaba mucho de menos.

A llegar la luz del sol, despertó en el palacio de su padre y fue recibida con mucha alegría. Psique le comentó todo lo ocurrido y también que cualquier cosa que ella pedía le era concedida en seguida, excepto ver a su esposo, aunque se amaban profundamente. Entonces sus astutas hermanas le dieron una lámpara para que la encienda de noche mientras su amado dormía, así podría verle el rostro sin que él se enterase…

Al anochecer, Psique fue llevada otra vez por los aires al palacio del amor. Su amado acudió a la misma hora de todas las noches, pero ella fingió estar cansada y simuló dormirse, hasta que adivinó que él se había dormido de verdad. Entonces encendió la lámpara y vio que entre sus brazos tenía a Eros, al propio dios del amor, el amor mismo, bello y maravilloso. Absorta en la contemplación, no advirtió que había inclinado la lámpara y una gota de cera ardiente cayó sobre él, despertándolo. “¿Qué has hecho?”, gimió al ver la luz. “Sólo podíamos ser siempre felices si tú desconocías mi identidad. Ahora todo ha terminado. Sabes quién soy y no puedo permanecer a tu lado. Ni puedo quererte. ¡Adiós!”

Psique quiso retenerlo, pero fue inútil. El palacio desapareció, igual que el jardín. Vagó un tiempo, sola y entristecida, hasta que llegó a un templo de Afrodita y le pidió ayuda. Pero la diosa la recibió enojada por haber destrozado el corazón de su hijo Eros. Psique suplicó, pero esta no creyó en su amor, por lo que la puso a prueba. Primero le pidió agua de la Fuente de la Belleza, que custodiaba un dragón. Psique pasó la primer prueba.

Luego la diosa le pidió lana caliente, suave e invisible de las ovejas del monte Ados, animales gigantes con cuernos tremendos que atacaban a cualquiera que se les acercase, pero otra vez Psique lo consiguió. Cuando Afrodita notó que Psique realmente estaba dispuesta a todo por recuperar el amor de Eros, comenzó a tratarla con menos dureza, y le hizo la última prueba. La llevó a un granero lleno de granos mezclados de trigo, maíz y mijo y le pidió que separase las tres semillas en tres montones distintos. La labor debía estar terminada en una sola noche. Psique trabajó sin desfallecer, pasó la noche y cuando faltaba poco para el día, había cumplido ni la centésima parte de la tarea. Pero ella siguió sin descanso. Afrodita la observó, invisible, y al ver su fe comprendió que su amor era auténtico. Llamó a todas las hormigas de la tierra para que la ayudasen y así Psique lo logró.

Afrodita aceptó entonces que el amor de Psique por Eros era un verdadero amor, pero todavía exigía de ella que se unja con la esencia de la inmortalidad que guardaba Perséfone, la diosa del Hades, ciudad de los muertos. Psique consiguió llegar hasta ésta, pero a cambió la diosa le pide su voz. La joven acepta y recibe una cajita de oro que debía abrir una vez que estuviese en la tierra. Al llega, abrió la cajita y sólo una columnita de humo salió, que se dispersó con el viento. Psique se creyó engañada, quiso llamar a Eros, a sus padres y a sus hermanas, pero no tenía voz, entonces rompió en llanto.

Eros vagaba por la tierra entristecido, cuando oyó el llanto, lo siguió y llegó hasta Psique. La vio tan arrepentida y enamorada, que le infundió un sueño reparador y, así dormida, la llevó hasta el Olimpo para presentársela a Zeus y pedirle piedad para los dos. Zeus consultó con Afrodita, que ya la había perdonado, y Psique recuperó la voz al mismo tiempo que consiguió la inmortalidad. Desde entonces, reside en el Elíseo con los otros dioses, siempre en compañía de Eros. Y si alguna vez bajan a la tierra, van siempre juntos los dos, y así, los dos a la vez, es como influyen en la vida de los hombres.

La historia de Eros y Psique es larga y en algunas versiones se complica más aún. Pero en todos los casos, el mito nos dice que el amor exige, para su permanencia, cierta ignorancia de la verdadera personalidad de la persona amada. El amor no debe ser analizado; es siempre amor, es bueno y hace felices a los que no quieran saber quién es ni cómo es exactamente.


Perfectamente Imperfecta

El mito griego de Antigona


Era Antígona una joven griega, hija del matrimonio incestuoso de Edipo (Rey de Tebas) y Yocasta (hijo y madre, respectivamente). Estuvo con su padre, Edipo, en el exilio y volvió a su ciudad natal a la muerte de este. Tenía una hermana, Ismene, y dos hermanos, Eteocles y Polinices.

Edipo había lanzado una maldicion sobre sus dos hijos varones por la cual ambos se pelearían constantemente por el trono, en lugar de turnárselo, como estaba establecido. En un momento dado Eteocles decide quedarse en el trono después de cumplirse su periodo de reinado con lo que se desata una encarnizada guerra, en la que Polinices arma un ejercito con la ayuda de una ciudad vecina. La batalla termina con la muerte de ambos, uno a las manos del otro, como decía la profecía de Edipo. Al ocurrir esto, se convierte Creonte (hermano de Yocasta) en rey de Tebas y dictamina que por haber traicionado a su pueblo, Polinices no será enterrado dignamente y quedará expuesto a las alimañas (Contado en la tragedia Los siete contra Tebas de Esquilo.)

Para los griegos, el ritual del entierro, es muy importante. En él se deposita en la boca del difunto una moneda que serviría para pagarle a Caronte, el barquero del río que separa el mundo vivo del inframundo. Una persona que no es enterrada está condenada a vagar eternamente, sin descanso alguno, por la tierra. Es por esto, que Antígonas contradice a su tío y entierra a Polinices, haciendo sobre el cuerpo de su difunto hermano, los rituales precisos para garantizar su paso al inframundo. De esta forma, Antígonas se rebela contra la tiranía de Creonte, su tío y suegro (puesto que está comprometida con Hemón, hijo de este último).

Como castigo, Creonte la condena a ser enterrada viva pero ella evita el suplicio ahorcándose. Hemón que entra en la cripta en la que ella se encuentra poco después de que esto ocurra, no puede controlar el dolor que lo invade al verla muerta y se atraviesa con su propia espada, dándose de esta manera la muerte. Además Eurídice, esposa de Creonte y madre de Hemón, se suicida al saber que su hijo ha muerto. Estas dos últimas muertes produncen hondo pesar a Creonte quien finalmente se da cuenta de su error al haber decidido mantener su soberanía por encima de todos los valores religiosos y familiares, acarreando su propia desdicha .

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El talón de Aquiles

El niño va a ser hermoso, el más hermoso de todos los griegos. El niño va a ser el más rápido, va a ser un guerrero heroico, será varios libros y muchas más películas. Es hijo del rey Peleo y la ninfa Tetis, ambos mortales. Poseidón y Zeus debaten largamente sobre este nacimiento, este niño será más grande que su padre, será hijo de dioses, será inmortal.

Tetis es acaso vanidosa. Sostiene al niño de su tobillo y lo sumerge en el río Estigia, quiere que su hijo sea inmortal o tal vez no sea más que un bautismo; en ambos casos Tetis quiere que Aquiles sea hijo de dios. Se supone que los dioses van a protegerlo. Tetis sumerge al niño para hacerlo invulnerable pero la mano que sujeta el tobillo está marcando su muerte.

Quizás Tetis debería haberlo soltado y tal vez Aquiles hubiese muerto para nosotros pero no para ella. La inmortalidad que quiso en el niño era para ella pero se lo ha entregado a los dioses. Y los dioses son despiadados, entienden de todo menos de flaquezas.

Aquiles es inmortal pero persigue la muerte a cada instante. Aquiles es el más rápido de todos los griegos y esquiva la muerte en cada batalla. Aquiles es inmortal pero lleva un escudo, es inmortal pero una flecha envenenada en su talón y Aquiles se muere. Aquiles no existe. Aquiles es inmortal pero murió en la guerra de Troya. Aquiles está muerto pero arde Troya.

Conocemos el mito pero no la realidad. Los que mueren viven pero la verdad es olvido. Tetis llora desconsolada, el rey en silencioso luto pierde la mirada en un trágico bufón. Ningún padre debería enterrar a su hijo. Tetis mira sus manos mojadas y levanta la vista al cielo, maldice a los dioses en nombre de los que bendijo a su hijo. La historia no puede volver a escribirse.

La tragedia griega no se termina. Tetis moja con lágrimas el talón que antes mantuvo seco con su mano, el hombre más rápido de Grecia ya no se mueve. Alguien pide una señal de los dioses pero los dioses sólo saben escuchar la gloria.

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Juegos de seducción de Tetis y Peleo.

En aquella interesante edad en la que todavía dioses y hombres sabían, mal que bien, vivir juntos, Zeus, además de castrador de su padre Cronos, dominador del rayo y patrón del animado establo numinoso que representaban las divinidades olímpicas, venía a ser una especie de latin lover o supermacho alfa.

Un seductor como ya no los hay: barbudo, despeinado, burlón y, por lo que sabemos, nada amigo de colonias, cremas o tratamientos antienvejecimiento. Su hoja de servicios era impresionante. Pero, claro ¿qué fémina podría resistirse al soberano y más descollante figura de entre las que componían el panteón divino?

Y sin embargo, Zeus no era infalible. A veces se le resistían, ante lo cual mostraba una gran variedad de recursos y de disfraces: lluvia de oro, cisne blanco ante el cual la misma blancura se sonrojaría, soberbio toro contra el cual ni siquiera un José Tomás se atrevería…

Hay un caso en el que es Zeus mismo quien, tras unos primeros escarceos, tiene que recular, asustado. ¿Quién era la hembra capaz de arredrar al mismo Zeus, y hacerle volverse con el rabo entre las piernas? La futura madre de Aquiles: Tetis. Pero no os creáis que Tetis era una amante de la halterofilia griega. Al contrario, se trataba de una criatura hermosa y desumbrante. Digamos algo de ella.

Tetis pertenecía también al selecto club de los dioses, aunque no a aquellos que estaban en la cúspide cuando reinaba Zeus (los Olímpicos). Era una Nereida, esto es, era una de las 50 (!?) hijas de Nereo, divinidad marina, y nieta ni más ni menos que de Ponto, la personificación del primer océano terrestre. Además, las Nereidas descendían del Océano, el mar cósmico primigenio, por línea materna.

Por lo tanto, con esa renombrada genealogía marina no es de extrañar que las hijas de Nereo, entre ellas Tetis, habitasen la superficie, el fondo o los rincones de las aguas del mar. Todas estas diosas, dúctiles, ágiles, inaprensibles, tenían un fascinante poder de metamorfosis. Al parecer, esto volvía loquitos a los varones divinos.

A Tetis le salieron dos pretendientes inigualables: Zeus y Poseidón. Parece que los estamos viendo frente a frente, como gallitos en celo, dispuestos a desplegar todo tipo de argucias para llevarse el gato al agua, nunca mejor dicho. Pero, en esas, a Zeus le soplan un secreto que lo descompone. El secreto que llevaba consigo, sin saberlo, Tetis en su vientre: su hijo será muy superior al padre.

Con el oráculo (por cierto que de Prometeo) hemos topado. Zeus y Poseidón reflexionan. Si Tetis tiene un hijo con ellos o con algún otro inmortal, su soberanía corría peligro. Había que encontrarle un esposo humano y que los mortales se aguantasen si les salía un tirano (porque en todo caso, siendo de padre mortal, por mucho que el hijo lo sobrepasase no representaría ninguna amenaza para los dioses).

Peleo, rey de Ptía, fue el elegido. Tetis, sin embargo, no estaba muy por la labor de casarse con un simple mortal. Peleo tuvo que luchar por ella. Mejor dicho, luchar contra ella. Aprisionándola entre sus brazos, estableciendo un vínculo tan fuerte que ninguna de las metamorfosis de Tetis pudiese romperlo.

Peleo demostró ser un valiente esposo. No se asustó cuando Tetis se transformó en jabalí o león, ni la soltó cuando la diosa lo quemó, convertida en fuego e incluso fue capaz de seguir agarrándola cuando Tetis quiso escabullirse tomando la fluidez del agua.

El último recurso de la Nereida fue la metamorfosis en sepia. Arrojó su tinta negra, como hacen las sepias, sobre el pobre Peleo. Pero el rey, cegado y sucio, se mantuvo firme. Tetis, finalmente, tuvo que rendirse. Hubo boda y el lugar en el que ambos amantes habían mantenido tan reñida lucha pasó a llamarse cabo de las Sepias. Por cierto que aquella boda no trajo nada bueno para Troya.

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Casandra la sacerdotisa maldita

Casandra siempre me ha parecido tan fascinante como dramático. Obviamente, existen diversas versiones sobre la historia de la hija de Príamo y Hécuba.

En algunas posee un hermano gemelo llamado Heleno y se cuenta que para festejar el nacimiento de los niños sus padres ofrecieron una fiesta en el templo de Apolo Timbreo, ubicado en las afueras de Troya. Se marcharon por la noche olvidándose de los pequeños. Por la mañana los encontraron totalmente dormidos en el santuario mientras dos víboras los purificaban pasando sus lenguas por los “órganos de los sentidos” de los mismos. Los padres gritaron aterrados y los animales se retiraron. A causa de este suceso los hermanos obtuvieron el don profético.

Otra versión de la leyenda, quizás la más popular, indica que Apolo se había enamorado de Casandra y le propuso un trato el cual consistía en otorgarle el don de la profecía si se entregaba a él. La joven aceptó, pero una vez iniciada en las artes de la adivinación, no cumplió con lo pactado. Entonces, el colérico y despechado dios la maldijo, en sueños le escupió en la boca, quitándole no el don de la clarividencia, sino el de la persuasión. Por ende, ella siempre sabría antes lo que iba a suceder pero no podría siquiera intentar cambiar las tragedias que azotarían a su pueblo ya que nadie le creería, ni la escucharía nunca.

Por otra parte, cuenta la mitología que, cada vez que Casandra profetizaba, algo Apolo tomaba posesión de ella provocándole fuertes espasmos, como si su cuerpo no le perteneciera. Sus vaticinios fueron de gran importancia en la historia de Troya, e incluso hay especialmente tres que de ser escuchados habrían cambiado los hechos:

- El primero, sucede cuando ella predice que Paris trae la ruina a la ciudad y también le salva la vida al reconocerlo como hijo de Príamo.

- El segundo, acontece cuando ve a Helena, allí afirma que esta será la causa del fin de todo y de todos.

- El tercero, ocurre cuando rechaza fervientemente junto con el adivino Lacoonte que el inmenso caballo de madera ingrese a la ciudad, debido a que sabía que era una trampa y el escondite perfecto de los guerreros aqueos. Por supuesto, nadie le cree y Apolo se encarga de que unas serpientes devoren al adivino, que sí poseía cierta credibilidad, y a sus hijos.

Durante la batalla dentro de la ciudad de murallas impenetrables, Áyax, que luchaba junto a Héctor en esta contienda, intentó ultrajar a la sacerdotisa, la cual además se encontraba desesperada al ver tornarse realidad todo lo profetizado sin que pudiera servirle su don para evitarlo.

Finalmente, cuando los aqueos se reparten el botín en el cual se incluían las mujeres del clan vencido, es entregada a Agamenón, quien se siente profundamente atraído por ella. Una versión sobre el fin de Casandra indica que al llegar con el rey a Micenas, Clitenmestra, su esposa los asesinó a ambos por celos.

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Argos los ojos del pavo real

El mito de Argo procede de la mitología griega y ha llegado a nosotros mediante la forma latinizada Argos. Algunas fuentes indican que este imponente ser poseía cuatro ojos, dos que miraban hacia adelante y dos que lo hacían hacia atrás; otras sostienen que tenía múltiples órganos visuales dispersos por todo su cuerpo; y la versión más popular afirma que la cantidad exacta de ojos eran cien, pero no era sólo esto lo que lo hacía único, sino que mientras dormía la mitad de esos ojos permanecían despiertos lo cual le otorgaba la facultad de poder verlo todo.

Obedecía las órdenes de la diosa Hera, para quien era el vigía perfecto. De todas las tareas encomendadas, dos fueron las que más han trascendido: terminar con la Equidna, monstruo con cuerpo de mujer y cola de serpiente devorador de transeúntes, y controlar a la sacerdotisa en la que Zeus, marido de Hera, había puesto toda su atención.

La vigilancia de Argos era tan perfecta que el dios no podía acercarse a la deseada Io. Naturalmente, esto lo enfureció tanto que Zeus ordenó a Hermes que terminara de una vez por todas con el perfecto centinela y la vida de este llegó efectivamente a su fin.

¿Cómo fue asesinado Argos?, se preguntarán muchos de ustedes. Existen distintas versiones sobre el mismo hecho. En algunas, Hermes lo ejecuta con varias pedradas. Personalmente creo que esta es la menos creíble ya que coincide con la versión de Argos de cuatro ojos, mencionada al comienzo del artículo.

En otras, Hermes, por la noche, mientras Argos descansaba. habría dormido a los ojos que permanecían en estado de alerta utilizando la flauta de Pan o su propia vara. Una vez que Argos se encontraba totalmente inmerso en un sueño inducido, lo asesinó decapitándolo.

Hera al enterarse de que su esposo se encontraba detrás de la muerte de su más fiel guardián decidió vengarlo y vengarse castigando a la joven doncella Io. Luego, se acercó al cadáver de Argos, arrancó todos sus ojos y los depositó en el plumaje del pavo real para que todos los que lo vieran desplegarlo recordaran al fiel sirviente, ahora inmortal, y el injusto final que el destino le tenía reservado.

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