Los Alóadas, gigantes que desafiaron a los Dioses

Los Dioses del Olimpo luchaba a menudo contra las fuerzas monstruosas que amenazaban con alterar el orden natural de la vida en la Tierra. Una de las tantas célebres historias que hablan de estas encarnizadas batallas, en la mitología griega, es la llamada “La lucha con los Alóadas”.

Ésta cuenta que Ifidemia, mujer de Aloeo, una mujer de gran belleza, estaba enamorada de Poseidón. Sin embargo, éste no le correspondía, lo que le causaba en la joven una gran aflicción. Desconsolada, acudía a la orilla del mar donde se acariciaba imaginándose que el Dios la poseía. Finalmente, Poseidón se apiadó de ella, dejándola embarazada con las aguas del océano.

Fruto de este furtivo encuentro, nacieron Otos (”búho orejudo”) y Efialtes (”el que salta”), portentosos gemelos en fuerza y de gran estatura (medían 13 metros de alto con sólo trece años), y muy agresivos. Su nombre de “Los Alóadas” tiene su origen en que su madre se casó con Aloeo estando embarazada de ellos.

Obnubilados por su propia fuerza y convencidos de que eran invencibles (les habían profetizado que ningún Dios u hombre podría derrotarlos), los hermanos declararon la guerra a los Dioses, causando desastres en la tierra con el único objetivo de “conquistar” el Olimpo.

Para ello, amontonaron dos montes, el Ossa y el Pelión, para que el cielo les fuese más accesible, además de amenazar con derribas montañas enteras para cubrir el mar. Asimismo, sus aspiraciones eran tales que sentenciaron su deseo de “ultrajar” cada uno a una diosa. Se atrevieron a reclamar a la Diosa Artemisa (Otos) y a Hera (Efialtes). No contentos con sus peticiones, secuestraron y encerraron al mismísimo Ares en una cárcel de bronce por treces meses (ésto lo narra Homero el Canto V de la Ilíada). Sin embargo, a pesar de que eran habituales las rencillas entre los moradores del Olimpo, tanto Hermes como Zeus ayudaron a escapar al Dios de la guerra.

Pero todas estas extravagancias verían su fin cuando Zeus, soberano de hombres y dioses que reina en las alturas luminosas del cielo, decide acabar con los Aloadas, condenándolos a los eternos suplicios en los Infiernos -otra versión afirma que Artemisa se ofreció a acostarse con Oto, provocando que los Alóadas se pelearan; la Diosa apareció en forma de ciervo y ambos hermanos lanzaron sus jabalinas para demostrar quién era el mejor lanzador. En ese momento, ella se quitó del medio, asesinándose mutuamente con sus armas.

Para los filósofos clásicos esta decisión de Zeus responde al triunfo del Orden y la Razón sobre el caos, la violencia y la fuerza bruta.

Fuente: http://sobreleyendas.com/
Perfectamente Imperfecta

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